[Al final de esta nota encontrará un sondeo para que opine]

“La lógica perversa opera de la siguiente manera: los narcotraficantes colombianos les dicen a sus ‘mulas’ que no se preocupen si son capturados, pues el Gobierno Nacional hará hasta lo imposible para traerlos de vuelta a Colombia. Un acto en esencia humanitario se convierte, entonces, en un instrumento para los criminales”, dice el editorial de ese diario.

Y lo que demuestra que la funesta práctica es una realidad es el hecho de que “cada vez que un colombiano preso en el extranjero es repatriado, aumenta el número de nacionales capturados por tráfico de estupefacientes”, asegura el medio, con base en datos que en ese sentido le entregó la Cancillería.

Aunque no se dan cifras precisas en ese sentido, se señala que el 57 % de todos los colombianos detenidos en el mundo están en esa situación por delitos relacionados con las drogas.

Tal vez intuyendo esa instrumentalización criminal de la política gubernamental, y pensando en otras circunstancias, claro, algunos colombianos que participaron en un sondeo planteado por Pulzo prefieren que los nacionales que llevan drogas a otros países no sean devueltos a Colombia para que paguen acá sus penas.

Hasta este miércoles por la mañana, 171 personas se mostraban en contra de la repatriación, mientras que 41 la preferían (Al final de este artículo encontrará el sondeo activo).

Pulzo

Para El Espectador, resultan injustas las críticas a la Cancillería, pues se ha generado una dinámica contra el Ministerio de Relaciones Exteriores que ese medio califica de “dañina”, por no lograr la repatriación de los connacionales que violan la ley en otros países.

“Es muy diciente […] que muchos de los capturados reconocen que entendían el riesgo al que se sometían aceptando servir de correos humanos para la ilegalidad”, lamenta el editorialista, y concluye: “El mensaje de la sociedad debe ser contundente: rechazamos por completo la irresponsabilidad de ayudar al narcotráfico, pero haremos lo posible, dentro de la ley, para que no tengan que pagar una pena inhumana. Sin embargo, es útil que los colombianos que estén pensando en aventurarse en el turismo ilícito recuerden una máxima jurídica que aplica aquí y en China: la ley es dura, pero es la ley”.

En un sentido similar se expresa el editorial de El Tiempo, medio para el cual “Jamás se sabrá si esa muerte [la del recién ejecutado en China Ismael Enrique Arciniegas] fue un horror o un alivio. Pero puede servir para reconocer que cada país tiene una cultura y tiene una justicia, y que, por duras y contrarias que sean, resulta fundamental respetarlas”.