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La protección ambiental y la sostenibilidad son ejes fundamentales para Bogotá y la región circundante, especialmente ante las amenazas crecientes al equilibrio de los ecosistemas. En la antesala de Semana Santa 2026, la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), junto a la Secretaría Distrital de Ambiente de Bogotá (SDA), la Secretaría de Bienestar Verde de la Gobernación de Cundinamarca y la Iglesia Católica, presentaron una estrategia integral operativa y pedagógica para frenar el tráfico de fauna y flora silvestre. Esta iniciativa, bajo el lema "Proteger también es un acto de fe", resalta la urgencia de contener prácticas ilegales que afectan gravemente a la biodiversidad local, tal como lo reporta la CAR en coordinación con entidades distritales y religiosas.
Datos del Centro de Atención y Valoración (CAV) de fauna silvestre revelan la magnitud del problema: en enero de 2026 se atendieron 172 individuos, de los cuales el 30% fueron decomisados en operativos conjuntos con la Policía de Bogotá. El año 2025 cerró con 910 animales rescatados, siendo las aves (55%) y los reptiles (25%) los grupos más vulnerables ante el tráfico ilegal. El director general de la CAR, Alfred Ignacio Ballesteros, enfatizó durante una rueda de prensa que estas cifras no solo representan estadísticas, sino vidas arrebatadas de sus hábitats naturales, mencionando especialmente la relevancia de proteger especies emblemáticas como el loro orejiamarillo.
Durante Semana Santa, aumenta la demanda por plantas como la palma de vino y la palma de cera delgada (Ceroxylon sasaimae), utilizada en celebraciones católicas. Según la Dirección Técnica Ambiental de la CAR, solo quedan cerca de 1.500 ejemplares de palma de cera delgada en ambientes naturales. Esta especie es crucial para aves como los loros y pericos, especies que sufren con la fragmentación de su hábitat causada por la extracción de hojas. Además, la secretaria de Ambiente de Bogotá, Adriana Soto, subrayó la importancia de intensificar los operativos en localidades como Kennedy, Engativá y Suba y de estimular la denuncia ciudadana.
La respuesta oficial ha incluido la confiscación de más de 640 artículos elaborados con palma en Alto Magdalena y Soacha, así como el lanzamiento de campañas para que los feligreses opten por sembrar plántulas nativas en vez de contribuir a la extracción. Este enfoque pedagógico y de control se fortalece con puestos de vigilancia en terminales y peajes, vigentes a lo largo de 14 regionales de la CAR, donde la atención se centra en especies como la tingua azul, el perico bronceado y la tortuga hicotea.
El tráfico, la tenencia y la comercialización de fauna y flora silvestre están tipificados como delitos ambientales en Colombia, según la Ley 2111 de 2021 y la Ley 1333 de 2009, contemplando multas millonarias y penas de prisión de hasta 135 meses. Las autoridades intensificarán la judicialización de los infractores en coordinación con la Fiscalía y la Policía Nacional, recordando a la ciudadanía la posibilidad de denunciar anomalías de forma confidencial para preservar los entornos sostenibles que garantizan el equilibrio ambiental de Cundinamarca.
¿Por qué la palma de cera es clave para la conservación de especies en Colombia?
La palma de cera, identificada científicamente como Ceroxylon sasaimae, es una especie fundamental en los ecosistemas andinos. Según informes de la CAR, esta planta no solo es el hábitat o fuente de alimento de especies como el loro orejiamarillo, sino también un elemento esencial en el mantenimiento del equilibrio ecológico local. La extracción de sus hojas para tradiciones religiosas, especialmente en Semana Santa, pone en riesgo no solo a la palma, cuyo número en condiciones naturales es muy reducido, sino también a las especies que de ella dependen.
La relevancia de la palma de cera trasciende lo ambiental, convirtiéndose en un símbolo de la lucha contra el tráfico de flora y fauna silvestre en la región. Los esfuerzos por reemplazar la extracción por la siembra de especies nativas buscan garantizar que tradiciones humanas puedan coexistir con la conservación de la biodiversidad, subrayando la importancia de una conciencia colectiva que entienda la relación entre cultura y sostenibilidad.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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