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Escrito por:  Fabián Ramírez
Subeditor     Abr 9, 2026 - 11:27 am

En el marco de la conmemoración de los 78 años del magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán, la situación de su casa-museo vuelve a generar indignación en Bogotá. A pesar de su inmenso valor histórico y cultural, el complejo ubicado en el barrio Santa Teresita, en la localidad de Teusaquillo, permanece consumido por el olvido y con obras que no se terminan desde 1975.

Desde el Concejo de Bogotá se ha levantado una alerta sobre el estado de este espacio, que actualmente está bajo la administración de la Universidad Nacional y la Nación. El concejal Rubén Torrado cuestiona que, incluso durante la administración del presidente Gustavo Petro, no se haya logrado consolidar la recuperación de un lugar que alberga nada menos que la tumba del caudillo liberal.

“No estamos hablando solo de ladrillos. Estamos hablando de memoria y del respeto que Bogotá debería tener por uno de los nombres más importantes del país”, señaló el cabildante, enfatizando que el diseño original del reconocido arquitecto Rogelio Salmona sigue siendo un proyecto inconcluso que hoy refleja indiferencia y desidia.

Ante la falta de avances por parte del Gobierno Nacional, la propuesta que gana fuerza es que la Alcaldía de Bogotá, liderada por Carlos Fernando Galán, tome las riendas del lugar. El objetivo es que el museo sea incluido en las rutas oficiales de Memoria Histórica, Paz y Reconciliación de la ciudad, obligando a instituciones como el IDPC a intervenir directamente en su conservación.

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La solicitud formal ya fue extendida al secretario de Cultura, Santiago Trujillo Escobar, buscando que el Distrito realice las gestiones pertinentes para que el predio pase a manos de la ciudad. Esto permitiría, finalmente, inyectar los recursos necesarios para que el centro de pensamiento sea un espacio abierto para turistas y residentes, honrando la memoria de las víctimas del conflicto armado en Colombia.

Rescatar este espacio no se plantea como un capricho administrativo, sino como una deuda pendiente con el Día Nacional de la Memoria y Solidaridad con las Víctimas. El complejo, que debería ser un referente de encuentro cultural, sigue siendo una estructura a medio terminar que guarda los restos de una de las figuras que partió en dos la historia de Colombia, a la espera de una voluntad política que le devuelva su dignidad arquitectónica.

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