Por: El Colombiano

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Este artículo fue curado por pulzo   Mar 18, 2026 - 5:50 am
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En las últimas semanas, la seguridad en Bogotá ha pasado a ser una preocupación latente para sus habitantes, quienes ven cómo una ola de crímenes impacta directamente en su percepción de bienestar. Diversos hechos de violencia y hurtos, cometidos a plena luz del día y documentados tanto por la prensa como por las redes sociales, han evidenciado la vulnerabilidad de la ciudad ante la delincuencia común y las bandas criminales que operan en varias localidades. Este ambiente de zozobra se fortaleció con el asesinato de Néstor Harry Acosta Leal, trabajador de la Empresa de Acueducto de Bogotá, baleado en la vía pública del Salitre, mientras los criminales lograron escapar en moto, según reseña El Colombiano.

Esa misma jornada, otra situación de alto impacto ocurrió en la localidad de Suba: tres hombres armados asaltaron a los ocupantes de una camioneta Mazda roja en un semáforo, sustrayendo sus pertenencias en menos de medio minuto, según imágenes captadas por cámaras en el sector. Estos episodios, sumados al atraco violento a la universitaria Luz Ángela Peña, quien fue herida con arma blanca en Bosa durante el fin de semana, han elevado el nivel de alarma social y puesto en entredicho la eficiencia de las estrategias de seguridad implementadas por las autoridades locales.

Estos sucesos no son aislados. En los últimos meses, Bogotá ha sido escenario de homicidios que han trascendido el ámbito local, como el ataque sicarial contra el empresario Gustavo Andrés Aponte Fonnegra y su escolta, y hechos de mayor resonancia como el asesinato del precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay durante un mitin. Además, la violencia mafiosa volvió a manifestarse con la muerte del esmeraldero Hernando Sánchez, presumiblemente en el marco de una vendetta.

Mientras la administración de la ciudad, liderada por el alcalde Carlos Fernando Galán, asegura que los indicadores delincuenciales presentan una tendencia a la baja, los acontecimientos violentos provocan una desconfianza creciente en la ciudadanía. Datos proporcionados por la Alcaldía, referidos por El Colombiano, señalan que a febrero de 2026 se registraron 173 homicidios, tres menos que en el mismo periodo del año anterior, y una ligera mejora en los hurtos a personas y automotores. Sin embargo, las cifras de más de 150.000 hurtos anuales persisten como reto fundamental.

El alcalde Galán reconoce en entrevistas con Caracol TV que la magnitud del desafío es elevada, y ha manifestado la urgencia de reformas legales que impidan la rápida liberación de delincuentes reincidentes. La actual administración, junto con legisladores, analiza la creación de herramientas para que quienes han sido detenidos en repetidas ocasiones no regresen a las calles a reincidir, además de abordar las limitaciones policiales para acceder a grabaciones de cámaras privadas, dificultando la respuesta judicial.

Según fuentes policiales citadas por El Colombiano, las problemáticas de seguridad en Bogotá se dividen entre la convivencia, determinada por la mezcla de culturas y niveles de tolerancia, y el crimen organizado, protagonizado por bandas como “Satánas”, el Tren de Aragua, y células que derivan de organizaciones criminales reconocidas como el Clan del Golfo. En ausencia de un actor hegemónico —a diferencia de otras regiones del país—, la competencia violenta entre grupos aumenta el nivel de riesgo, incorporando también facciones ligadas al terrorismo y redes anarquistas.

¿Por qué la fragmentación de los grupos criminales dificulta el control de la seguridad en Bogotá?

Una de las cuestiones que surge al analizar el panorama de inseguridad en la capital es el impacto de la dispersión y rivalidad entre bandas delictivas. A diferencia de territorios donde un solo cartel domina el escenario delincuencial, en Bogotá convergen múltiples grupos con diferentes intereses y modos de operación.

Esta fragmentación implica que los esfuerzos de las autoridades deben orientarse simultáneamente a diversos frentes, dificultando su labor de prevención y control. Además, la constante pugna por territorios para actividades como la extorsión y la venta de drogas incrementa la frecuencia de enfrentamientos violentos, complicando así la gestión integral de la seguridad en la ciudad.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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