El Espectador es el periódico más antiguo del país, fundado el 22 de marzo de 1887 y, bajo la dirección de Fidel Cano, es considerado uno de los periódicos más serios y profesionales por su independencia, credibilidad y objetividad.
En la capital colombiana, iniciar la mañana escuchando el trino de las aves se está transformando en un privilegio reservado para algunos sectores sociales. Esto no responde a una desaparición absoluta de las especies en la ciudad, sino a una concentración cada vez más marcada de su presencia en barrios caracterizados por una mayor cantidad de zonas verdes y suelos de mayor valor. Aquello que durante mucho tiempo constituyó una experiencia común para los habitantes de Bogotá, ahora se asocia estrechamente con los espacios en los que la planificación urbana ha incorporado la naturaleza y donde las brechas socioeconómicas se hacen más evidentes.
La sospecha de que el disfrute de la biodiversidad urbana está influido por la desigualdad ha sido recientemente avalada por la academia. Rodrigo Mutis Rangel, biólogo y magíster en Geografía de la Universidad Nacional de Colombia, encabeza una investigación que revela cómo los estratos socioeconómicos determinan el acceso y la experiencia con la vida silvestre en la ciudad. Mediante el análisis de más de 100.000 registros de observación, el estudio demuestra que la distribución de las aves en Bogotá responde tanto a condiciones ambientales como a las realidades sociales y urbanísticas propias de cada zona.
Lejos de distribuirse de forma aleatoria, las especies identificadas siguen patrones que reflejan la geografía social de Bogotá. Las zonas donde predominan los espacios verdes y la infraestructura adecuada para la vida silvestre coinciden con áreas de mayor poder adquisitivo. Allí, el derecho al goce de la biodiversidad parece más garantizado, mientras que en otras zonas el acceso a la naturaleza urbana resulta limitado. Según El Espectador, este fenómeno señala no solo una cuestión ambiental, sino también una problemática social y de equidad en la ciudad.
En términos de biodiversidad, Bogotá ostenta una posición privilegiada a nivel global. Gracias a su ubicación andina, suma la presencia de cerros, humedales, sabanas y parques urbanos, conformando un mosaico de hábitats que, de acuerdo con datos de la Guía ilustrada de aves de Bogotá publicada por Arte y Conservación en 2025, permite la convivencia de más de 160 especies dentro del perímetro urbano y alrededor de 240 cuando se extiende el conteo a la Sabana.
Este escenario invita a reflexionar sobre las implicaciones sociales del acceso desigual a los beneficios de la biodiversidad y plantea el reto de diseñar ciudades más inclusivas, donde todos los ciudadanos puedan acceder por igual al contacto cotidiano con la naturaleza. El desarrollo urbano, por tanto, debe considerar la equidad ambiental como un eje fundamental para la calidad de vida en la metrópoli.
¿Por qué la presencia de zonas verdes influye en la diversidad de aves en Bogotá?
El rol de las zonas verdes en la distribución de la avifauna urbana es un tema central en los estudios recientes sobre ecología de ciudades. Según la investigación liderada por Mutis Rangel y la información de la Guía ilustrada de aves, estos espacios ofrecen refugio, recursos alimenticios y oportunidades de anidación para numerosas especies, haciendo posible su permanencia en entornos dominados por el cemento. Por ello, los barrios con mejores ecosistemas urbanos presentan mayor riqueza de aves en comparación con sectores donde la presencia de vegetación es limitada.
El vínculo entre biodiversidad y planeación urbana detectado en este estudio resulta relevante para repensar cómo se diseñan las ciudades y cómo se gestiona el derecho de todos sus habitantes a vivir en entornos saludables y ambientalmente balanceados. ¿Qué otras estrategias podrían implementarse para fomentar la presencia de aves y la equidad en el disfrute de la naturaleza urbana?
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
* Pulzo.com se escribe con Z
LO ÚLTIMO