El 5 de noviembre Pomeroy estab en Oklahoma City cuando recibió un mensaje de texto de tres palabras: “Tiroteo en iglesia”, relata The New York Times, y agrega que el pastor pensó que era una broma y le escribió al videógrafo miembro de la iglesia, quien había enviado el texto original: “Debes estar bromeando”.

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La respuesta lo dejó frío: “No”. Luego se dio a la tarea de llamar a sus colaboradores en el templo pero nadie respondió la llamada, pues varios de ellos habían caído por efecto de las balas del terrorista que perpetró el ataque que dejó 27 muertos y casi una treintena de heridos.

Ante la imposibilidad de saber qué pasaba, Pomeroy llamó a un amigo que vive a 10 minutos de la iglesia, quien más tarde le confirmó que había cuerpos sin vida regados por todo el lugar, incluido el de Annabelle, la hija de Pomeroy.

Hoy, el hombre de fe se pregunta si él hubiera podido hacer algo de haber estado predicando el día de la masacre. Por lo pronto, destaca el ‘Times’, trata de sobreponerse a la tragedia que cobró la vida de su hija y de muchos de sus feligreses y amigos.