En lugar de la tradición, el papa Francisco colocó la ceniza en la cabeza de los feligreses, para evitar el contacto directo con ellos, siguiendo una de las normas generales para cuidarse de la COVID-19.

El Vaticano ya había advertido que este Miércoles de Ceniza, los sacerdotes debían cambiar por la seguridad de sacerdotes y creyentes.

Por lo mismo, varios sacerdotes en Colombia también implementarán esa recomendación.

Debido a la pandemia, el papa tampoco pudo celebrar, como es tradición, la procesión desde la iglesia romana de San Anselmo a la cercana basílica de Santa Sabina, en la colina romana del Aventino.

Además, no le será posible hacer los Ejercicios Espirituales que celebraba junto con la Curia romana en la Casa Divino Maestro de Ariccia, a las afueras de Roma.

Durante su homilía, el papa invitó a los fieles a que este tiempo de cuaresma, que precede a la Semana Santa, sirva para “verificar las sendas que estamos recorriendo, para volver a encontrar el camino de regreso a casa para redescubrir el vínculo fundamental con Dios”.

También observó que “la cuaresma no es una recolección de pequeños sacrificios, si no es discernir hacia dónde está orientado el corazón”.