Por: El Colombiano

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Este artículo fue curado por pulzo   Abr 4, 2026 - 8:26 am
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Audel Hernán Rojas Beltrán, exmilitar colombiano, describe su paso por la guerra en Ucrania como una experiencia extrema y profunda, muy distinta a las promesas que lo llevaron a cruzar el océano. Él, como muchos otros compatriotas, fue impulsado por la falta de oportunidades y la esperanza de lograr prosperidad económica. Relató a El Colombiano que, en un principio, existía entre los combatientes extranjeros una sensación de compañerismo y ciertas garantías de protección mutua. Sin embargo, esta percepción se fue resquebrajando, para dar paso a un entorno donde los colombianos dejaron de ser vistos como aliados y pasaron a ser un recurso fácilmente prescindible, tanto para los ucranianos como para los propios enemigos.

El relato de Audel ilustra las diferencias estructurales con la experiencia militar en Colombia. Narra que, a diferencia de sus pares ucranianos, los voluntarios colombianos eran dejados durante meses en las trincheras, sin posibilidad de relevo ni descanso, siendo “prácticamente desechables”. Las condiciones físicas y emocionales no daban tregua; el estrés, el cansancio y el temor a ser abandonados o incluso secuestrados por el propio bando minaban cualquier sentido de pertenencia. La ausencia de apoyo y el trato diferenciado se traducían en peligros constantes, exponiéndolos no solo a los ataques enemigos sino también a la desprotección dentro de las propias filas.

Esta realidad es compartida por otros colombianos involucrados en el conflicto, como el médico Eduardo Arias, quien, desde su labor humanitaria, atestiguó la brutalidad de las heridas y las condiciones extremas enfrentadas por los combatientes. Según testimonios recogidos por Caracol Radio, la letalidad del campo de batalla es tal que, en algunos casos, de decenas de combatientes solo sobreviven unos pocos, mientras muchos cuerpos permanecen largos periodos en el terreno antes de poder ser recuperados.

La precariedad económica en Colombia alimenta el flujo de nuevos aspirantes, seducidos por salarios prometidos de hasta 10.000 dólares mensuales. Sin embargo, detrás de las ofertas se esconden dinámicas de trata de personas, restricciones a la movilidad y confiscación de documentos, lo que deja a los mercenarios en una posición de vulnerabilidad absoluta. Audel explica que muchos llegan engañados, perdiendo todo control sobre su estadía y bienestar.

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Familias en Colombia esperan noticias de los suyos, pero a menudo estas nunca llegan. Según cifras del Atlantic Council, entre 300 y 550 colombianos han muerto en la guerra ruso-ucraniana, conformando el grupo extranjero con más bajas en ese frente. La Cancillería enfrenta un reto inmenso, pues la repatriación de cuerpos rara vez es sencilla por las condiciones del conflicto y las dificultades diplomáticas.

El gobierno colombiano, consciente de la gravedad, aprobó la Convención Internacional contra el Reclutamiento, la Utilización, la Financiación y el Entrenamiento de Mercenarios, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Entre sus principales objetivos figuran la judicialización de quienes fomentan el mercenarismo, la persecución de estas redes y la cooperación internacional, en un intento de cerrar el paso a quienes lucran con la desesperación de personas vulnerables.

¿Qué es el mercenarismo y cómo afecta la vida de los reclutados?

El mercenarismo, según la Convención Internacional aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1989, se refiere al reclutamiento, utilización, financiación y entrenamiento de personas para participar en conflictos armados a cambio de una remuneración. Aunque la promesa de un salario elevado resulta atractiva en contextos de pobreza, la realidad para los reclutados suele ser otra: condiciones extremas, exposición al peligro constante, pérdida de autonomía y el riesgo de convertirse en víctimas de abuso, engaño y trata internacional.

Este fenómeno afecta de manera directa tanto a los combatientes como a sus familias. Quienes viajan en busca de una oportunidad acaban muchas veces atrapados en una guerra ajena, sin garantías mínimas y lejos de cualquier red de protección. Para los familiares en Colombia, la ausencia de noticias y la dificultad de repatriar a sus seres queridos incrementan la carga de dolor y angustia, evidenciando que el mercenarismo no solo desgarra cuerpos, sino también vidas y comunidades enteras. ¿Qué medidas adicionales podrían adoptar las autoridades colombianas para enfrentar con mayor eficacia esta problemática?


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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