La muerte la semana pasada de Rafi, de 19 años, provocó protestas en todo el país y llevó al gobierno a prometer que perseguirá a todos los responsables.

A la joven la llevaron hasta la azotea del seminario islámico en el que era alumna, donde sus agresores le pidieron que retirara la denuncia que había presentado ante la policía. Al negarse, fue rociada con queroseno y quemada.

La policía explicó el viernes que una de las 17 personas detenidas en relación con el asesinato acusó al director de la escuela de ordenar el ataque.

El director “les dijo que presionaran a Rafi para que retirara la denuncia o que la mataran si se negaba“, explicó el superintendente de la policía Mohammad Iqbal, que conduce la investigación.

Rafi acudió a la policía en marzo para denunciar el acoso sexual, y un video filtrado muestra al responsable policial local registrando la denuncia pero menospreciándola como “de poca importancia”.

Iqbal explicó que al menos cinco de los detenidos, entre los que hay tres compañeros de clase de Rafi, la ataron con un pañuelo antes de prenderle fuego.

“El plan era pasar el incidente como un suicidio. Pero fracasó después de que Rafi logró bajar las escaleras mientras estaba en llamas porque el pañuelo se quemó y liberó sus manos y pies”, dijo.

Rafi sufrió quemaduras en el 80 % de su cuerpo y murió en el hospital el 10 de abril.

Pero antes de su muerte grabó un video repitiendo sus acusaciones contra el director.

El maestro me tocó, lucharé contra este crimen hasta mi último aliento“, dijo. Además, identificó a algunos de sus atacantes.

El caso causó indignación en Bangladesh, y la primera ministra Sheikh Hasina prometió que “ninguno de los culpables se librará de acciones legales”.

Los grupos de defensa de derechos humanos dicen que los casos de violación y agresiones sexuales aumentaron en el país porque las autoridades no procesan a los atacantes.

“El horroroso asesinato de una mujer valiente que buscó justicia muestra lo mucho que ha fallado el gobierno de Bangladés a las víctimas de agresiones sexuales”, estimó en un comunicado Meenakshi Ganguly, directora para Asia del Sur de la organización Human Rights Watch.

La muerte de Rafi “pone de relieve la necesidad de que el gobierno de Bangladesh tome en serio a los supervivientes de la violencia sexual y se asegure de que pueden buscar un remedio legal y ser protegidas de represalias“, añadió.