Hasta ese viernes el acceso “general, a los locales de culto habilitados al público, quedan prohibidos a todos los fieles”, señaló en un comunicado de prensa monseñor De Donatis.

Aunque las misas y cualquier otra reunión de personas ya habían sido prohibidas, las iglesias permanecían abiertas a los fieles que quisieran acceder a orar en ellas.

“Recordamos que esta disposición ha sido adoptada por el bien común”, agrega el prelado.

Esta decisión es particularmente simbólica en Italia, donde la inmensa mayoría de la población se declara católica.

El coronavirus es motivo de preocupación para la Iglesia italiana, así como para el Vaticano y el papa Francisco lo ha mencionado en varias ocasiones en sus misas. El martes, pidió a los sacerdotes “que tengan la valentía de salir y visitar a los enfermos”, “acompañar al personal médico y a los voluntarios”.

El gobierno italiano incluyó las misas, las bodas y los funerales entre las congregaciones prohibidas, una medida “fuertemente restrictiva cuya aceptación supone sufrimiento y dificultades” para los sacerdotes y fieles, lamentó hace unos días la Conferencia Episcopal Italiana en su página de  internet.

Desde entonces, el clero no ha emitido reservas sobre las nuevas medidas restrictivas adoptadas por el gobierno italiano.

Italia, de lejos el país de Europa más afectado por la pandemia del COVID-19, superó el jueves los mil muertos con un total de 1.016 fallecimientos y 15.000 infectados, anunció la protección civil.