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Obtuvieron ocho medallas en ocho horas. Los atletas franceses brillaron este lunes 29 de julio en lo que pasará a la historia como uno de los mejores días del deporte galo. ¿En qué medida es una ventaja ser el país anfitrión?
Los atletas olímpicos franceses, después de dos primeros días de competición llenos de éxitos (ocho medallas), duplicaron su total en un solo día para alcanzar las 16 preseas. Algo no visto desde los Juegos de Atlanta de 1996, en los que habían ganado nueve medallas en un día.
A primera hora de la tarde, los jinetes franceses se hicieron con la plata en la prueba por equipos en los jardines de Versalles. A continuación, Victor Koretzky logró el mismo metal en la prueba de bicicleta todo terreno (BTT), imitado luego por el equipo masculino de tiro con arco. Todo se aceleró entonces, con dos nuevas medallas olímpicas en judo, primero bronce para Sarah-Léonie Cysique, y luego plata para Joan-Benjamin Gaba. Entre tanto, Nicolas Gestin se llevó el oro en piragüismo en eslalon. Por último, llegó el apogeo con la final franco-francesa entre las esgrimistas de sable Manon Apithy-Brunet y Sara Balzer, ganada por la primera. Añadieron así una medalla de oro y otra de plata al bien surtido palmarés de la delegación francesa.
Al término de la quinta jornada de competición, Francia era segunda en el medallero, por detrás de Japón, aunque contaba con un total global superior de 16 medallas frente a las 12 de Japón, pero con sólo cinco títulos olímpicos, frente a seis.
Ser el país organizador pesa en la balanza
La tradición siempre ha dictado que cada país anfitrión haga todo lo posible por hacerlo bien en casa. En la historia de los Juegos Olímpicos de Verano (desde 1896), el 84% de los países que han organizado al menos una edición han establecido su récord de medallas en casa, indica FranceInfo. Otra observación estadística es que ser el país anfitrión casi siempre coincide con un aumento significativo del número de medallas en comparación con la edición anterior.
Thierry Terret, historiador del deporte y delegado ministerial para los Juegos Olímpicos y Paralímpicos entre 2018 y 2022, señala los factores que explican esto. “El primero es que los atletas conocen mejor el entorno. Se trata tanto de las infraestructuras como del clima y el calendario. No es lo mismo para un francés tener que viajar a Japón que estar en casa, porque su cuerpo está completamente preparado para rendir en las condiciones que conoce”, analiza.
“El segundo es el hecho de producir una actuación delante de más familiares y amigos. Es un factor de estimulación y, por tanto, de mejor rendimiento, siempre que los atletas hayan sido preparados psicológicamente”, prosigue el historiador.
Además, “el país se dota de los recursos adicionales que necesita para preparar a su delegación”, afirma Terret. “Hemos hecho mucho y hemos invertido mucho en la excelencia deportiva”, dijo el presidente Emmanuel Macron en enero pasado, refiriéndose a un “aumento de 68% del presupuesto para el alto rendimiento” y del “75% para el apoyo individual a los atletas”.
Aunque es una ventaja cada vez más ligera
Todos estos factores contribuyen al éxito de una nación en casa, pero van acompañados de otras ventajas, como las calificaciones automáticas, sobre todo en los deportes de equipo, y el hecho de poder elegir cuatro de las 32 disciplinas del programa, maximizando así las posibilidades de medalla.
Sin embargo, recientes estudios muestran que, si bien existe una ventaja para el país anfitrión, es cada vez más ligera. Entre otras cosas porque, debido a la globalización y a la multitud de eventos deportivos cada año, los atletas ya no llegan en terreno desconocido.
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