A un año del inicio del segundo mandato de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, el país ha vivido una transformación significativa tanto en el escenario interno como en el internacional. De acuerdo con Noticias Caracol y EFE, el enfoque de Trump se ha caracterizado por una política migratoria más dura, el uso estratégico de aranceles, el fortalecimiento del poder presidencial, una redefinición de la política exterior y la crisis diplomática generada por sus iniciativas hacia Groenlandia y Ucrania.
Uno de los aspectos más notables del periodo ha sido la ofensiva contra la migración. El Departamento de Seguridad Nacional informó que 622.000 personas fueron deportadas, una cifra inferior a la alcanzada durante el último año de Joe Biden, pero resultado de medidas rígidas como expulsiones a terceros países y una drástica reducción en la aceptación de solicitudes de asilo. El gobierno duplicó la cantidad de agentes de la agencia estadounidense de control migratorio (ICE, por sus siglas en inglés), que llegaron incluso a ciudades tradicionalmente demócratas como Chicago y Mineápolis. El Migration Policy Institute (MPI), citado en el artículo, destaca que Trump firmó 38 órdenes ejecutivas sobre inmigración y ejecutó al menos 500 acciones relacionadas solo en el primer año.
El segundo rasgo definitorio ha sido la utilización de los aranceles como instrumento central para presionar a países aliados y rivales. Según Noticias Caracol, las tarifas han servido tanto para penalizar como para atraer inversión y afianzar la posición de Estados Unidos frente a China, especialmente en sectores tecnológicos y de materias primas estratégicas. Destaca aquí el anuncio de aranceles “recíprocos” a casi todas las naciones, lo cual marca un giro frente al multilateralismo anterior.
Trump también amplió considerablemente el margen de acción del Poder Ejecutivo. Apoyándose en decretos, poderes de emergencia y en la lealtad del Partido Republicano en el Congreso, ha impulsado más de 200 órdenes ejecutivas y reconfigurado el equilibrio entre el Legislativo y el Ejecutivo. El Congreso, mayoritariamente aliado, apenas ha ejercido control, salvo algunos episodios aislados de crítica bipartidista o resistencia interna en temas presupuestales.
En política exterior, la captura de Nicolás Maduro en Venezuela se perfila como la máxima muestra del nuevo papel estadounidense bajo Trump, ejemplificando el giro hacia acciones directas y presionando el tablero geopolítico mundial. Igualmente, iniciativas como la pretensión de anexar Groenlandia y la beligerancia en la guerra de Ucrania han acentuado la distancia de Washington respecto a Europa y otras potencias, marcando una era donde Estados Unidos desafía abiertamente incluso a sus aliados. La persistente militarización de la diplomacia estadounidense, el conflicto no resuelto en Ucrania y la prioridad nacionalista han reconfigurado la imagen global del país.
Este balance evidencia cómo el primer año del segundo mandato de Trump ha puesto en tensión los principales pilares que definieron por décadas la identidad política y diplomática de Estados Unidos. A pesar de sus promesas de pacificación, persisten retos complejos y desacuerdos con actores internacionales clave, que abren interrogantes sobre la viabilidad y los riesgos de la actual estrategia.
¿Qué consecuencias puede tener la estrategia de “aranceles recíprocos” para la economía estadounidense y global?
El enfoque de Trump al imponer aranceles recíprocos plantea desafíos importantes tanto para la economía estadounidense como para el comercio internacional. Por un lado, según lo señalado por Noticias Caracol, busca reducir el déficit comercial y fortalecer industrias nacionales, sin embargo, puede desatar represalias de países afectados, encarecer importaciones y alterar cadenas productivas globales. Estos movimientos tienden a incrementar la incertidumbre para exportadores, consumidores y aliados estratégicos, a la vez que alteran el ambiente colaborativo que históricamente marcó el sistema comercial mundial.
La utilización de estos aranceles como instrumento de presión política, además de herramienta económica, introduce tensiones adicionales y puede debilitar organismos multilaterales o generar incertidumbre sobre reglas comerciales estables. El impacto real dependerá del tiempo que se mantengan estas políticas, de las respuestas del resto del mundo y de la capacidad de Estados Unidos de sostener un crecimiento interno frente a posibles represalias.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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