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El domingo 8 de marzo, más de 41 millones de colombianos acudirán a las urnas a elegir a los miembros del Senado y la Cámara de Representantes para el periodo 2026-2030. Se trata de los primeros comicios del calendario electoral de este año, que culminará en mayo o junio -si hay segunda vuelta- con la elección del sucesor del presidente Gustavo Petro.
En la misma jornada del 8 de marzo, los votantes podrán participar en las consultas interpartidistas, que definirán los candidatos presidenciales de varias formaciones o alianzas para los comicios de mayo.
De esta forma, como cada cuatro años, Colombia arrancará la carrera electoral con las legislativas, que representan el gran termómetro del panorama político con miras a las elecciones de mayo.
Este calendario electoral se inicia en medio de la persistente violencia de grupos armados (guerrillas, bandas criminales y narcotraficantes), autores en varias zonas del país de desplazamientos forzados, confinamientos, homicidios selectivos, secuestros, violencia sexual y reclutamiento de menores, principalmente indígenas y afrodescendientes.
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¿Qué y cómo se vota?
Aunque estas elecciones legislativas suelen recibir menos atención mediática que la carrera presidencial, sus resultados serán determinantes para la gobernabilidad del próximo presidente, quien asumirá el cargo el 7 de agosto de 2026.
El Congreso colombiano está compuesto por dos cámaras: el Senado (con 102 escaños elegidos por voto popular más una curul adicional que se entrega al segundo candidato más votado en las presidenciales) y la Cámara de Representantes (183 escaños). Este órgano no solo legisla, sino que ejerce un control político esencial sobre el Gobierno, aprueba o rechaza reformas estructurales y distribuye los recursos públicos a través del presupuesto nacional.
En un sistema presidencialista como el colombiano, donde el Ejecutivo propone pero el Legislativo decide en muchos ámbitos, la falta de mayorías o coaliciones sólidas puede paralizar una agenda de gobierno.
De hecho, el mandato del presidente Gustavo Petro (2022-2026) ilustra claramente esta dinámica: varias reformas clave de su Administración se hundieron por falta de apoyos parlamentarios.
Entre los ejemplos más destacados figuran la reforma al sistema de salud, archivada en dos oportunidades en la Comisión Séptima del Senado, y la reforma laboral, que también fue rechazada en instancias iniciales debido a la oposición de sectores tradicionales y divisiones internas.
Los votantes elegirán mediante un sistema proporcional (método D’Hondt), con la opción de listas abiertas —donde el elector marca a un candidato específico y el orden de la lista se define por preferencia individual— o listas cerradas —en las que se vota por el partido y el orden lo establece la colectividad—. Se entregan tarjetones separados según circunscripción, y los ciudadanos pueden solicitar adicionalmente el tarjetón de las consultas presidenciales.
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Elecciones de Senado y Cámara de Representantes
En el Senado, se disputan 102 escaños por voto popular: 100 en circunscripción nacional (todo el país vota por la misma lista) y 2 en circunscripción especial indígena. Se añade una curul extra para el candidato presidencial que quede en segundo lugar en la primera o segunda vuelta, según el Estatuto de la Oposición.
Una novedad importante para el período 2026-2030 es que desaparecen las curules transitorias asignadas al partido Comunes (ex-FARC) tras el Acuerdo de Paz de 2016.
La Cámara de Representantes renueva 183 escaños, con una distribución más diversa y regional:161 por circunscripciones territoriales (cada departamento y Bogotá elige un número proporcional a su población). Aquí habrá 16 de las Circunscripciones Transitorias Especiales de Paz (CITREP), reservadas a víctimas del conflicto armado.
Asimismo, habrá curules especiales para comunidades afrodescendientes, indígenas, raizal del archipiélago de San Andrés y Providencia, colombianos residentes en el exterior, y para el Estatuto de la Oposición a la fórmula vicepresidencial en segundo lugar.
Al igual que en el Senado, las curules transitorias de Comunes dejan de existir en este nuevo ciclo.
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¿Por qué son importantes las elecciones legislativas en Colombia?
“El Congreso es muy importante para que haga control. Por ejemplo, el Ejecutivo puede presentar reformas tributarias, pero es el Congreso el que decide. Igual ocurre cuando presenta el presupuesto nacional… Para ser un buen presidente se necesita tener un buen Congreso, que apoye al mandatario. Si elegimos una persona que no tiene apoyos en el Congreso, le va a ir regular –si no mal– en su ejercicio como presidente”, explicó Beatriz Helena Gil, coordinadora del programa Congreso Visible de la Universidad de los Andes.
En Colombia, ningún partido alcanza por sí solo la mayoría absoluta (mitad más uno de los escaños), lo que obliga a negociar alianzas poselectorales.
“Las elecciones legislativas son siempre relevantes porque, a pesar de estar eclipsadas por las presidenciales –que normalmente atraen más interés–, en ellas se define la gobernabilidad del presidente”, según Juan Pablo Milanese, jefe del Departamento de Estudios Políticos de la Universidad Icesi, en entrevista con el medio local ‘El Colombiano’.
Milanese también cree que “cada vez que se realizan las elecciones legislativas se produce una redefinición del escenario político y, en el caso colombiano, ningún partido obtiene una mayoría de la mitad más uno de los votos. De allí que la elección perfile cómo serán las coaliciones que le permitirán al nuevo presidente gobernar”.
La politóloga Laura Wills, líder de Congreso Visible de la Universidad de los Andes, además afirma que el hecho de que se elija a “un Congreso muy grande, de más de 280 congresistas (incluyendo la Cámara), permitirá posiblemente tanto votos de castigo como votos a favor de congresistas que hayan tenido un buen desempeño a lo largo de los últimos cuatro años”.
“Es difícil que todo el Parlamento esté a favor o en contra de un gobierno, teniendo en cuenta que se trata de un cuerpo colegiado diverso y grande”, complementa la académica a ‘El Colombiano’.
Con un Congreso históricamente fragmentado, escándalos de corrupción recientes que han erosionado la confianza pública (como los casos de expresidentes del Senado y Cámara implicados en irregularidades), y una polarización marcada entre el petrismo (izquierda) y el uribismo (derecha), el domingo se definirá no solo quiénes ocuparán las curules, sino cuán viable será gobernar Colombia en los próximos cuatro años.
Un Legislativo alineado facilitaría reformas ambiciosas; uno dividido podría repetir los bloqueos del actual período. Todo comienza a decidirse este 8 de marzo.
Carrera por la Presidencia de Colombia
En un momento en que la aprobación del presidente Petro registró una recuperación de 11 puntos y alcanzó el 49,1% en febrero de 2026, se realizarán tres consultas interpartidistas (en tarjetones separados) para elegir candidatos únicos de coaliciones para suceder al mandatario. El votante solo puede participar en una; marcar más invalida el voto.
Por la coalición de centro-derecha está La Gran Consulta por Colombia con nueve precandidatos; por la izquierda, pero sin el aval del oficialismo del presidente Gustavo Petro, está el Frente por la Vida con cinco precandidatos; y por el centro político está la Consulta de las Soluciones con dos precandidatos pero con una clara ventaja para Claudia López, exalcaldesa de la capital colombiana.
Dos de los aspirantes con mayor intención de voto en las encuestas: el senador Iván Cepeda, candidato del oficialismo petrista; y Sergio Fajardo, exalcalde de Medellín -la segunda ciudad más grande del país- no participarán en estas consultas y competirán directamente en la primera vuelta presidencial del 31 de mayo.
Cepeda, quien ganó con amplio margen la consulta interna del Pacto Histórico, la formación de Petro, en octubre de 2025 (con más de 1,5 millones de votos), fue vetado de la consulta del Frente por la Vida en una cuestionada decisión del Consejo Nacional Electoral.
Fajardo, por su parte, dijo querer evitar fragmentar aún más el voto moderado en una consulta que podría debilitar su posición estratégica.
Los resultados del 8 de marzo actuarán como un termómetro político clave de cara a las presidenciales, revelando la fuerza real de cada bloque ideológico, la capacidad de renovación o continuidad de los partidos, y el margen para formar coaliciones.
Con medios locales
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