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Cerca de un millón de personas no tienen hogar propio, según estimaciones de la Fundación para la Vivienda de los Desfavorecidos (ex Fundación Abbé Pierre para la Vivienda de los Desfavorecidos). Las malas cifras se acumulan y “todos los indicadores se deterioran y la respuesta política está lejos de estar a la altura”, acusa el informe, que evoca “un año negro en el frente de la vivienda pobre” en 2025.
En total, 4,2 millones de personas están sin hogar o con mala vivienda en Francia. Además, 12,3 millones de personas se han visto debilitadas por la crisis de la vivienda, como inquilinos atrasados en el pago de alquileres, personas en pobreza energética, hogares sin habitaciones suficientes o viviendas no adaptadas a su discapacidad.
Alojarse en casa de terceros, un problema invisible
El número de personas sin hogar en Francia asciende actualmente a 350 000, es decir, 50.000 más que hace cinco años. Pero el documento también habla de una población menos visible: más de 600.000 personas que se ven obligadas a alojarse en casa de terceros. Son personas que duermen en un sofá o en una habitación disponible, con familia o amigos. Estas personas tienen un techo sobre sus cabezas, pero permanecen en una situación inestable y, a veces, peligrosa.
Para Manuel Domergue, director de estudios de la Fundación, esta realidad comienza con la imposibilidad de sentirse realmente en casa: “No sentirse en casa, a veces es no tener llave”, explica a RFI. Esta precariedad también se refleja en restricciones materiales: “No vas a llegar con todas tus pertenencias, tu biblioteca, tus archivos”, indica, señalando que las pertenencias personales suelen estar dispersas. Y cuando la cama está en el salón, “hay que esperar a que todos se hayan dormido para desplegar el sofá-cama”.
A cambio de este alojamiento, algunas personas pagan una forma de alquiler, prestan servicios… Algunas mujeres incluso tienen que ofrecer compensación sexual. Situaciones que son en gran parte invisibles, y que no permiten ser prioritario para acceder a una vivienda social.
Domergue estima que la respuesta debe ser estructural. “La verdadera recomendación es luchar contra la escasez de viviendas. La verdadera solución es producir viviendas, hacerlas accesibles”, afirma, precisando que se necesitan especialmente viviendas pequeñas a alquileres modestos para personas que a menudo están aisladas.
Les elecciones municipales de marzo, un momento clave
“A pesar de estas tristes realidades, hemos visto cómo el año 2025 terminó tal y como empezó: sin presupuesto, con inestabilidad política y la ilegibilidad de la acción gubernamental”, dijo Christophe Robert, el delegado general de la Fundación, durante una conferencia, lamentando que “la política de vivienda para los más desfavorecidos haya sido mal gestionada”.
“Es imprescindible volver a poner la lucha contra la exclusión en el centro de la acción pública”, agregó Robert, lanzando un “solemne llamamiento a los candidatos en las elecciones municipales, a los líderes políticos, al Gobierno y a los parlamentarios”.
Las elecciones municipales de marzo serán un “momento clave en la lucha contra la mala vivienda”, según la Fundación. “Lo que está en juego es alto”, subrayó Robert, “porque si no todos los municipios se ven afectados de la misma manera, todos se ven afectados por la crisis de la vivienda”.
Por ello, candidatos de muchas ciudades están incorporando componentes de vivienda en sus programas: la lucha contra los alquileres turísticos amueblados, el control de alquileres, la construcción de viviendas sociales, el apoyo a la renovación de viviendas, la regulación de segundas residencias, la movilización de viviendas vacías.
(Y con AFP)
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