De acuerdo con la cadena CBS, a Wrixon, con 2 hijos pequeños, no le preocupaba mucho la posibilidad de contagiarse de COVID-19, pues sabía que los ancianos y las personas con enfermedades crónicas eran los más vulnerables ante el virus.

Sin embargo, un día de abril se despertó con el brazo dormido, no podía manejar bien el control del televisor e incluso no sentía una de sus piernas. Al contarle a su esposo, los 2 llegaron a la conclusión de que podía ser un derrame cerebral, por lo que llamaron de inmediato al número de emergencias, indica el mismo medio.

El neurólogo Ashwin Pinto, que llevó el caso de la mujer durante 3 semanas, comentó a CBS que Wrixon tenía todos los indicios de un derrame y que incluso le empezó a costar hablar, por lo que a él tampoco se le pasó por la cabeza que su paciente tuviera coronavirus.

Cuando el estado de salud de Wrixon empeoró con el pasar de los días le hicieron una prueba de COVID-19 por pura rutina. Nadie esperaba que diera positivo, sobre todo porque no tenía síntomas típicos como tos, fiebre o dificultades respiratorias, o incluso los menos comunes, como la pérdida del sentido del gusto u olfato, pero para sorpresa de todos, sí tenía el virus, detalla la misma cadena.

Aunque los exámenes arrojaron que el coronavirus en su sangre no estaba atacando su sistema nervioso, se detectó, por medio de una tomografía, que el cerebro de Rebecca Wrixon estaba gravemente inflamado, agrega el medio estadounidense.

Para ese momento la británica no podía mover la mitad de su cuerpo, tampoco ver con claridad o comunicarse con los médicos o su esposo. Los mejores médicos no entendían qué le estaba pasando, hasta que el neurólogo Pinto se acordó de un estudio sobre un paciente de Detroit (EE. UU.), el cual tuvo una respuesta autoinmune a la infección de coronavirus que también provocó una inflamación del cerebro parecida, publica CBS.

Desde ese momento, Pinto decidió tratar a Wrixon no por una infección viral, sino por un sistema inmunológico ‘desbocado’. Afortunadamente, la mujer empezó a mejorar y sacó de su cuerpo al COVID-19, pero las complicaciones que le causó no estaban completamente superados, por lo que tuvieron que darle altas dosis de esteroides y transfundirle plasma sanguíneo para reemplazar su propio plasma con anticuerpos y así desinflamar su cerebro.

Un día después de la transfusión del plasma, la mujer pudo mover un dedo, y al cabo de 5 días de tratamiento pudo levantarse y moverse. 3 meses después, Wrixon sigue teniendo dolor y entumecimiento en la mano y a veces le cuesta hablar, dice CBS.

“Pensé que iba a morir. Literalmente pensé ‘no, no vas a salir de esta’… Hay tanta gente afuera que todavía piensa que es una simple gripe, y para ser justos, antes de enfermarme, eso era lo que yo pensaba  ¿Pero ahora? Sí, de ninguna manera querría que alguien pasara por lo que pasé”, dijo a la cadena estadounidense desde su casa ya recuperada la británica.