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Este artículo fue curado por pulzo   Abr 23, 2026 - 8:35 am
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En medio de acusaciones cruzadas de violaciones del alto el fuego, la segunda ronda de conversaciones directas en Washington adquiere una relevancia singular. 

Su trascendencia está marcada no solo por su objetivo inmediato —extender la tregua—, sino por lo que representa simbólicamente: el primer canal diplomático directo sostenido entre Líbano e Israel en más de tres décadas.

La reunión entre la embajadora libanesa Nada Hamadeh Moawad y el embajador israelí Yechiel Leiter, con la participación del secretario de Estado Marco Rubio, refleja el papel activo de Estados Unidos como mediador y garante informal del proceso.

Para el presidente libanés, Joseph Aoun, estas conversaciones deben servir como plataforma para una agenda más amplia: no solo prolongar la tregua, sino avanzar hacia la retirada israelí del sur del Líbano, la liberación de detenidos y el inicio de la reconstrucción. En este sentido, Beirut intenta transformar una negociación coyuntural en un proceso político de mayor alcance.

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Objetivos divergentes: extensión de la tregua frente al desarme de Hezbolá

Las posiciones de partida revelan un desacuerdo estructural. Mientras Líbano busca consolidar el alto el fuego como paso previo a cualquier solución política, Israel condiciona cualquier avance al desarme de Hezbolá.

El ministro de Exteriores israelí, Gideon Saar, ha insistido en que el grupo chiita —respaldado por Irán— es el principal obstáculo para la estabilidad. Esta postura sitúa el foco en la dimensión regional del conflicto y desplaza la discusión desde el terreno bilateral hacia el eje más amplio de la confrontación con Teherán.

جنود إسرائيليون فوق دبابات في منطقة تجمع قرب الحدود اللبنانية في 8 مارس/آذار 2026
جنود إسرائيليون فوق دبابات في منطقة تجمع قرب الحدود اللبنانية في 8 مارس/آذار 2026

Para Israel, la existencia de Hezbolá como actor armado autónomo invalida cualquier acuerdo con el Estado libanés. Para Beirut, en cambio, el desarme del grupo es un asunto interno complejo, ligado a equilibrios políticos y sectarios que exceden el marco de las negociaciones con Israel.

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Violaciones del alto el fuego y ambigüedad operativa sobre el terreno

Uno de los principales problemas que enfrenta la tregua es la falta de mecanismos claros de verificación y delimitación. La denominada “línea de defensa avanzada” establecida por Israel en el sur del Líbano introduce una zona gris donde cualquier movimiento puede ser interpretado como amenaza.

Israel justifica sus ataques alegando riesgos inmediatos para sus tropas, mientras que Hezbolá y las autoridades libanesas los consideran violaciones directas del alto el fuego. Esta ambigüedad operativa genera un ciclo de acción-reacción que erosiona progresivamente la credibilidad del acuerdo.

Las partes llegan a la mesa de diálogos por segunda vez, justo después de que la frágil tregua de diez días quedara severamente tensionada tras una nueva jornada de ataques en el sur del Líbano que dejó al menos cinco muertos, entre ellos la periodista Amal Khalil, de 43 años. Khalil trabajaba para el diario ‘Al-Akhbar’ y se encontraba cubriendo los acontecimientos cerca de la localidad de al-Tayri cuando un ataque israelí impactó en las inmediaciones.

جنود إسرائيليون فوق دبابات في منطقة تجمع قرب الحدود اللبنانية في 8 مارس/آذار 2026

El incidente pone de relieve la volatilidad del alto el fuego anunciado el pasado 16 de abril, en un contexto en el que ambas partes se acusan mutuamente de violaciones constantes. La muerte de una periodista añade un elemento especialmente sensible, tanto en términos de derecho internacional como de presión mediática.

Incidentes como el ataque en Tayri —con víctimas civiles y dificultades para las labores de rescate— intensifican la presión internacional y complican el clima previo a las conversaciones. Cada episodio no solo tiene impacto militar, sino también político y mediático.

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Divisiones internas en Líbano y rechazo de Hezbolá al diálogo

El frente interno libanés añade otra capa de complejidad. El Gobierno de Aoun apuesta por la vía diplomática, pero carece de control efectivo sobre Hezbolá, que ha rechazado de forma explícita las conversaciones directas con Israel.

Figuras como Wafiq Safa han dejado claro que el grupo no se considera vinculado por acuerdos negociados sin su participación. Esta posición limita significativamente la capacidad del Estado libanés para comprometerse en el plano internacional.

Al mismo tiempo, sectores políticos libaneses critican tanto la estrategia militar de Hezbolá como los riesgos de una negociación directa con Israel, lo que refleja un escenario interno fragmentado y con escaso consenso.

جنود إسرائيليون فوق دبابات في منطقة تجمع قرب الحدود اللبنانية في 8 مارس/آذار 2026

Un conflicto regional interconectado

La dinámica entre Líbano e Israel no puede entenderse de forma aislada. El conflicto está profundamente vinculado a la rivalidad entre Israel e Irán, así como a la implicación indirecta de Estados Unidos.

La reanudación de hostilidades entre Israel y Hezbolá el pasado marzo,que atacó al vecino país en respaldo a Irán, confirma que el frente libanés funciona como extensión de tensiones regionales más amplias. En este contexto, el alto el fuego en el Líbano se convierte en una pieza más dentro de un tablero geopolítico complejo.

Bajo este panorama, la diplomacia se mantiene bajo presión con oportunidades hasta ahora limitadas.

Ahora, las conversaciones en Washington representan una oportunidad relevante, pero también evidencian los límites de la diplomacia en contextos de conflicto activo. Negociar mientras continúan los enfrentamientos implica asumir un alto grado de incertidumbre y dependencia de factores externos.

جنود إسرائيليون فوق دبابات في منطقة تجمع قرب الحدود اللبنانية في 8 مارس/آذار 2026

La posibilidad de extender la tregua dependerá no solo de los compromisos formales, sino de la capacidad de las partes para controlar a sus actores sobre el terreno y reducir las provocaciones. Sin ese control, cualquier acuerdo corre el riesgo de convertirse en papel mojado.

En última instancia, la situación actual refleja una paradoja persistente: la necesidad urgente de negociación convive con dinámicas que la debilitan constantemente. La muerte de civiles, las operaciones militares y las divisiones internas no solo complican el presente, sino que condicionan profundamente cualquier intento de estabilidad duradera.

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Con Reuters y AP

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