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Centros de datos a varios miles de kilómetros sobre nuestras cabezas: la idea puede parecer sacada de una película de ciencia ficción. Sin embargo, hoy en día forma parte de proyectos muy concretos. Con la adquisición de xAI, SpaceX busca reunir bajo un mismo techo la experiencia en lanzamientos espaciales, redes de satélites e inteligencia artificial.
Para comprender el interés de un proyecto de este tipo, primero hay que volver a la Tierra. Los centros de datos (o data center) dedicados a la inteligencia artificial ya existen y su número no deja de aumentar. Estas enormes instalaciones consumen cantidades colosales de electricidad para alimentar los procesadores, pero también agua para refrigerar las máquinas. Sin embargo, la demanda de potencia de cálculo se está disparando. El resultado: se prevé que en los próximos años se construyan cientos de nuevos centros de datos.
El espacio, una respuesta a las limitaciones energéticas
¿Por qué no quedarnos solo en la Tierra? Porque el espacio ofrece varias ventajas importantes. En primer lugar, en términos de espacio, pero sobre todo en términos de consumo de energía. Los sensores fotovoltaicos espaciales pueden recibir hasta ocho veces más energía solar que sus equivalentes terrestres, gracias a una exposición casi permanente al sol. Otra ventaja decisiva es la refrigeración. En el espacio, ya no se necesita agua. La energía solar captada puede utilizarse para alimentar sistemas de refrigeración específicos, similares a los que ya funcionan en la Estación Espacial Internacional. En teoría, estos centros de datos orbitales parecen ser una solución a las limitaciones energéticas que se encuentran en la Tierra.
Una apuesta financiera colosal… y muy arriesgada
Detrás de esta mecánica tecnológica se esconde un reto fundamental: el dinero. Para los gigantes de la inteligencia artificial, el objetivo es claro: ahorrar a largo plazo. Las cantidades en juego son colosales y aún difíciles de estimar, ya que el modelo sigue siendo difuso.
Sin embargo, una cosa es segura: las inversiones en centros de datos terrestres ya ascienden a cientos de miles de millones de dólares. Los proyectos espaciales parecen ser tanto una extensión de esta dinámica como una forma de mantener el entusiasmo de los mercados y seguir atrayendo capital hacia la IA. Porque la cuestión central sigue siendo la rentabilidad. En el espacio, la idea es atractiva: sin alquiler, sin factura de electricidad, solo el lanzamiento de un cohete y un satélite equipado con un centro de datos.
Es precisamente por eso que SpaceX está interesado en el tema. La empresa de Elon Musk ya cuenta con los cohetes, los satélites y las infraestructuras necesarias para producir potencia de cálculo a escala mundial. Pero hay muchas reservas. Desde el punto de vista técnico, un satélite averiado no se puede reparar como una instalación terrestre, sin contar los riesgos de colisión con desechos espaciales. Además, habría que desplegar un número inmenso de satélites, lo que implicaría tantos lanzamientos y, por lo tanto, costos vertiginosos. Por último, la cuestión medioambiental sigue sin resolverse, ya que los lanzamientos de cohetes generan una contaminación significativa. En cualquier caso, estos centros de datos espaciales no verán la luz mañana. Según varios estudios, su viabilidad comercial no podría surgir, en el mejor de los casos, hasta entre 2032 y 2035.
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