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“Se escuchan disparos por todas partes”, contó un testigo este sábado por la mañana a Reuters desde la ciudad de Sévaré, punto de conexión vital en el centro de Mali.
El ejército maliense informó sobre ataques por parte de grupos “terroristas” en una operación aparentemente coordinada contra diversas posiciones militares en la capital, Bamako, y otras ciudades.
Según la ONU, se produjeron “ataques complejos y simultáneos” en Kati, cerca del aeropuerto de Bamako, y en localidades como Mopti, Gao y Kidal, en el norte del país.
“Se escuchan disparos en dirección al campamento militar. No es el aeropuerto en sí, sino el campamento que se encarga de su seguridad”, precisó una fuente civil a Reuters.
En la capital, los soldados bloquearon las carreteras alrededor de la zona atacada y llamaron a la calma; al mediodía precisaron que la situación estaba bajo control, aunque se continuaban realizando “operaciones de barrido”.
Varios grupos implicados
En las redes sociales, Mohamed Elmaouloud Ramadane, portavoz del Frente de Liberación de Azawad (FLA), una alianza rebelde de mayoría tuareg, declaró que su grupo había tomado el control de varios puntos en Kidal y Gao.

Por otra parte, cuatro fuentes de seguridad indicaron que el grupo JNIM también participó en los ataques, aunque la principal organización yihadista del Sahel no reivindicó de inmediato los hechos.
El Estado Islámico en la Provincia del Sahel (ISSP) tampoco se ha atribuido la autoría de esta ofensiva.
Mali está sumido en episodios recurrentes de violencia desde 2012, cuando separatistas tuaregs (pueblo bereber nómada del Sáhara) y combatientes vinculados a Al Qaeda se apoderaron de amplias zonas del norte del país.
Ulf Laessing, director del programa del Sahel de la Fundación Konrad Adenauer, reportó a Reuters que lo ocurrido este sábado “parece el mayor ataque coordinado en años”.
Para Benedict Manzin, analista de la consultora Sibylline, si bien el asalto sobre Bamako podría ser repelido, la pérdida de posiciones en el norte, incluida Kidal, es “una posibilidad realista”. “Hoy es una prueba importante para el régimen”, afirmó Manzin.
El último ataque de gran magnitud se remonta a septiembre de 2024, cuando el JNIM atacó una escuela de entrenamiento de la gendarmería cerca del aeropuerto de Bamako, causando la muerte de unas 70 personas.
En 2025, el mismo grupo comenzó a bloquear las importaciones de combustible y a atacar convoyes de camiones cisterna, lo que afectó gravemente el suministro en la capital.
Desafíos de seguridad para la junta en el poder
Mali está gobernado por militares y liderado por Assimi Goïta, que llegó al poder tras dos golpes de Estado en 2020 y 2021.
Aunque la junta se había comprometido a devolver el poder a los civiles antes de 2024, Goïta cuenta ahora con un mandato presidencial de cinco años, renovable indefinidamente y sin necesidad de elecciones, tras proclamarse presidente en julio de 2025.
Tras la llegada de Goïta al poder, Mali rompió con Francia y otros países occidentales y recurrió a mercenarios rusos para garantizar su seguridad.
El grupo Wagner, que apoyaba al Estado maliense desde 2021, había anunciado el fin de su misión en junio de 2025 y se convirtió en el Africa Corps, un grupo bajo el control directo del ministerio de Defensa ruso.
Recientemente, Mali ha reforzado sus vínculos con Estados Unidos con quien estaba preparando un acuerdo que permita a Washington reanudar los vuelos de aviones y drones sobre el espacio aéreo del país para coordinar la lucha contra los grupos terroristas.
Con AFP y Reuters
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