“Nuestros verdaderos competidores chinos y rusos amarían que Estados Unidos siga invirtiendo miles de millones de dólares en recursos y atención para estabilizar a Afganistán indefinidamente”, declaró Joe Biden en discurso para defender su decisión.
Más temprano, Antony Blinken, su secretario de Estado, se había pronunciado en la misma línea, ya que había señalado que China y Rusia se habían apresurado al anunciar que trabajarían con el régimen talibán.
Rusia, por su parte, aseguró mediante su cancillería que inició acercamientos con varias fuerzas políticas afganas para “ayudar a garantizar la estabilidad y el orden público”.
Ambas partes “acordaron continuar las consultas con la participación de China, Pakistán y otras naciones interesadas para establecer las condiciones adecuadas para un diálogo inclusivo entre afganos”, sostuvo un comunicado de ese despacho.
Estados Unidos decidió retirar sus tropas de ese territorio luego de una ocupación militar de 20 años, lo que dejó el campo libre para el ascenso de los extremistas armados, que llegaron al palacio de gobierno después de que el presidente escapara al exterior.
Moscú, que en la época soviética ocupó Afganistán por una década durante la cual luchó contra guerrillas islámicas entonces respaldadas por Washington, ha mantenido abierta su embajada en Kabul debido a sus conversaciones con los insurgentes.
Rusia ha dicho que ve a los talibanes “restaurando el orden”, mientras que China anunció que busca relaciones “amistosas y de cooperación” con Afganistán bajo el mando talibán.
La llegada de Petro a la Casa Blanca
El presidente Gustavo Petro llegó este martes 3 de febrero en la Casa Blanca con un objetivo puntual: reiniciar la relación con Donald Trump y dejar atrás el clima de tensión que marcó los primeros meses del vínculo entre ambos gobiernos. Este fue el primer encuentro y posiblemente el único cara a cara entre los dos mandatarios. Cabe resaltar que la reunión se da tras una llamada telefónica inesperada el pasado 7 de enero, en la que acordaron verse en Washington. Desde entonces, tanto Petro como Trump han bajado el tono en público, conscientes de que una confrontación abierta no beneficia a ninguno.
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