Para muchos es un orgullo mostrar el millón de millas acumuladas, sin probablemente ser conscientes de la cantidad de contaminación que genera llevar una persona durante esa distancia.

El diario británico The Guardian denuncia que las aerolíneas mundiales produjeron toneladas de CO2 y aun así obtuvieron beneficios por 100.000 millones de dólares ese año, representados en el dinero que dejaron de pagar por el daño ambiental causado.

Tan solo 11 % de la población se subió a un avión en el 2018, y tan solo 4 % de quienes sí lo hicieron salieron de sus países de residencia, señala el rotativo inglés, y señala como el país con más contaminación aérea a Estados Unidos, cuya industria aérea genera más emisiones que los siguientes 10 países en la tabla de naciones ricas, incluyendo al Reino Unido, Alemania, Japón y Australia.

El estudio concluyó que el pequeño “grupo élite” de viajeros frecuentes fueron los que más contribuyeron a los altos niveles de contaminación de la industria de las aerolíneas, que tuvieron un bajón del 50 % de sus operaciones este año, producto de la pandemia por coronavirus.

Dicha pausa en la actividad aérea supuso un replanteamiento de la industria, como el que adelanta Air France, que recortó sus vuelos nacionales de forma ostensible con el fin de lograr su objetivo de convertirse en la aerolínea menos contaminante, gracias a incentivos del gobierno si logran reducir el número de vuelos, señala la BBC.

Esos esfuerzos podrían suponer el despido masivo de empleados en la mayoría de aerolíneas del mundo.

El informe de la Universidad de Linnaeus, en Suecia, citado por The Guardian, dice que las emisiones contaminantes de la industria aérea se incrementaron un 32 % entre 2013 y 2018.

Para considerarse un viajero frecuente, el pasajero debe volar por lo menos 56.000 kilómetros al año.

Así como los países que más contaminan tienen el récord de viajeros frecuentes, también tienen cifras altas en número de personas que ni siquiera abordaron un avión en el 2018, como EE. UU., donde el 53 % de la población no viajó por aire, o el 65 % en Alemania y el 66 % en Taiwán, destaca The Guardian.

Ya para ser consecuente con el estudio que dirigió, Stefan Gössling, de la Universidad de Linnaeus, asegura que desde 1995 decidió no volver a volar siempre que pueda evitarlo, lo que para él implicó jamás volver a tomar un avión para ir de vacaciones, ni viajar a conferencias, ni tomar vuelos largos: “No estoy diciendo que jamás volveré a viajar en avión; es solo que intento, de verdad verdad, evitarlo”.