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Este artículo fue curado por pulzo   Ene 12, 2026 - 2:27 pm
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Luego de salir del supermercado, una mujer fue detenida al ser requerida por el personal de seguridad para que mostrara el contenido de una bolsa negra que llevaba consigo. En su interior se encontraron 38 paquetes de chocolate, artículo para el cual no pudo presentar ninguna factura que acreditara la compra. Al manifestar que no contaba con el comprobante, el establecimiento procedió a contactar a la Policía. Una patrulla llegó rápidamente y capturó a la mujer, cuyo nombre es Yéssica, de 29 años y oriunda de Belalcázar.

La representante del supermercado Éxito expresó su intención de interponer una denuncia formal por hurto ante las autoridades. Como resultado, la detenida fue puesta a disposición de la Fiscalía para responder judicialmente. De acuerdo con la información aportada, Yéssica ya contaba con antecedentes penales: en el año 2016, un juez en Anserma la condenó a 4 años y 6 meses de prisión por tráfico de estupefacientes.

El caso de Yéssica se enmarca dentro de un fenómeno ampliamente conocido como “hurto hormiga” o robos de baja cuantía en los supermercados del país, una problemática cuyas consecuencias resultan millonarias para el sector. Según el más reciente informe de la Federación Nacional de Comerciantes Empresarios (Fenalco), en 2024 los supermercados reportaron pérdidas cercanas a los 160 mil millones de pesos debido a mermas, tanto por robos internos perpetrados por empleados como externos cometidos por clientes.

El reporte señala que, respecto a 2023, el robo interno ha aumentado un 2%, mientras que el robo externo disminuyó en el mismo porcentaje. Fenalco atribuye este cambio a la mejora en las medidas de control aplicadas a los clientes, pero advierte que la vulnerabilidad persiste entre el personal que trabaja en los establecimientos. Jaime Alberto Cabal, presidente de Fenalco, explicó que los productos más frecuentemente robados suelen ser aquellos de bajo riesgo para los ladrones, lo que evidencia la capacidad de adaptación de las bandas delictivas y su destreza para identificar los puntos débiles en las tiendas.

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Entre las principales modalidades detectadas se encuentran el uso de bolsas de aluminio para anular los sistemas de alarma, el consumo de productos en el establecimiento sin pagarlos, la alteración de códigos de barras, el uso de tiquetes falsos, las devoluciones fraudulentas y la complicidad con trabajadores del lugar. Adicionalmente, se han identificado métodos cada vez más sofisticados, tales como el uso de menores de edad o personas mayores para distraer a los vigilantes, así como la utilización de coches de bebé o la simulación de condiciones físicas, como barrigas postizas o sillas de ruedas, para ocultar mercancía sustraída, según Fenalco.

En cuanto a los productos más vulnerables, los abarrotes lideran la lista, seguidos de artículos para el hogar como utensilios de cocina y lencería, los cuales por primera vez figuran en estos registros. Le siguen carnes frías, licores, dulces, chocolates, productos de aseo personal, atún y otros enlatados, dispositivos electrónicos, leche y gaseosas.

Sin embargo, pese al aumento en las estrategias de control, se observa una disminución significativa en la eficacia de la respuesta judicial. Mientras en 2023 las judicializaciones contra este delito avanzaron en un 56% en ciudades principales y 28% en secundarias, en 2024 los porcentajes cayeron al 36% y 19% respectivamente, evidenciando desafíos adicionales para combatir este delito.

¿Por qué es difícil erradicar el hurto hormiga en los supermercados?

Esta pregunta surge debido a que, pese a los esfuerzos implementados tanto en tecnología de seguridad como en capacitación al personal y endurecimiento de sanciones legales, el hurto hormiga sigue representando un grave problema económico para los comercios. La persistente sofisticación de las bandas dedicadas a este delito y la capacidad de adaptación a las nuevas medidas de control muestran que no existen soluciones definitivas, y que las pérdidas financieras se mantienen considerablemente altas año tras año.

Comprender los factores estructurales y el funcionamiento interno de las redes delictivas es clave para dimensionar la complejidad de abordar este delito. Además, la caída en las judicializaciones indica que el problema no solo depende de la acción policial o empresarial, sino de un engranaje judicial y social más amplio que aún enfrenta retos significativos para frenar la incidencia del hurto hormiga en Colombia.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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