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La economía de Colombia enfrentó un arranque desafiante en 2026, caracterizado por una clara desaceleración en su crecimiento. Las proyecciones para el primer trimestre oscilan entre 2,4% y 2,5%, un ritmo menor que el 2,7% registrado en el mismo período del año anterior, según estimaciones de Bancolombia y analistas consultados por Fedesarrollo. El impulso que típicamente aportaban sectores como la industria y la construcción, reconocidos por absorber grandes franjas de mano de obra no calificada, se debilitó notablemente en estos meses iniciales, afectando de manera significativa la dinámica laboral y productiva de la nación.
Este panorama se agrava ante el entorno financiero restrictivo, con una escalada en las tasas de interés que pasaron del 9,25% al 11,25%, acompañada de un pronunciado aumento del salario mínimo. Dichos elementos han incrementado los costos tanto laborales como fiscales, según destacan expertos y fuentes como el DANE. En contraste, la economía encontró su motor principal en los sectores de servicios y entretenimiento, que han liderado la actividad económica a pesar de los rezagos en ramas productivas clave. Esta heterogeneidad sectorial plantea un escenario en el que la sostenibilidad futura de la actividad económica permanece en entredicho, especialmente dada la incertidumbre política y el deterioro del déficit fiscal, estimado en un 7% del producto interno bruto (PIB).
Los datos de enero de 2026 publicados por el DANE ofrecieron señales de una expansión apenas perceptible, con un avance del 1,5% respecto a igual mes del año anterior. La debilidad de la industria, la construcción y la minería ha contrastado con el buen comportamiento en comercio, turismo y servicios asociados al gasto público, como salud y educación, segmentos que se han situado por encima del promedio nacional. Sin embargo, actividades tradicionalmente sólidas como la agroindustria y la manufactura exhibieron cifras negativas, evidenciando una desarticulación en el engranaje económico nacional.
Particular preocupación suscita el sector de la construcción, que experimentó una caída histórica de 7,5% en el último año y un mal comienzo en 2026, con desplomes del 56% en iniciaciones de obra y 23% en lanzamientos de proyectos. En tanto, la inversión privada y la llegada de inversión extranjera directa también reportaron contracciones, con el Banco de la República indicando un descenso de 21% en el flujo de capital recibido entre enero y febrero respecto a 2025.
La industria manufacturera mostró, en enero, un retroceso en producción y ventas, mientras que el empleo se mantuvo estable. Algunas ramas industriales sufrieron contracciones pronunciadas pero otras, como la producción de vehículos, lograron aumentos notables. No obstante, el dinamismo del consumo, impulsado por el gasto de los hogares, no basta para compensar la caída en la inversión, que permaneció en niveles negativos por seis meses consecutivos al cierre del año anterior.
El aumento del salario mínimo, del 23,7%, ha impulsado la inflación y generado presiones sobre la estructura de costos empresariales, mostrando especial impacto en las pequeñas y medianas empresas. Esta dinámica se refleja también en un mercado laboral mixto, con mejoras impulsadas por la contratación pública, aunque persiste la sombra de la informalidad y los altos costos laborales. El contexto, sumado a una inflación creciente y el desafío de cumplir la regla fiscal, fortalece la percepción de vulnerabilidad en la economía nacional.
¿En qué consiste la regla fiscal y por qué es importante para la economía colombiana?
La regla fiscal es un instrumento normativo que busca establecer límites al crecimiento de los gastos públicos y al déficit fiscal, garantizando la sostenibilidad de las finanzas del país en el mediano y largo plazo. En Colombia, su cumplimiento es fundamental para mantener la confianza de inversionistas nacionales e internacionales, así como para controlar los niveles de endeudamiento gubernamental.
La relevancia de la regla fiscal radica en que, ante un escenario de déficit proyectado del 7% del PIB y presiones por mayores gastos, su incumplimiento puede tener consecuencias como el aumento de la prima de riesgo, caída en la calificación crediticia y dificultades para acceder a mercados internacionales de financiamiento. Por tanto, la estabilidad macroeconómica depende en parte del respeto a esta herramienta, especialmente en coyunturas de incertidumbre política y desaceleración económica como la actual.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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