“Nadie es profeta en su tierra”, dice un viejo refrán, y quién más para decirlo que el propio defensor envigadeño, que a sus 26 años ya ha tenido que cultivar suma madurez, la cual parece haber formado parte de su personalidad al regresar a la Selección para la Copa América 2019.

Son tiempos en que las redes no perdonan. Le pasó al alemán Loris Karius por los errores que le costaron la Champions League al Liverpool hace un año, y parecido sucedió con Jan Oblak en 2016, cuando eligió siempre quedarse estático en el centro del arco en la definición por tiros desde el punto penal entre Atlético de Madrid y Real Madrid.

Él no tuvo la suerte de René Higuita, que no tiene mayor mancha en su hoja de vida pese a regalar el gol de la eliminación de Colombia en Italia 1990 al perder un balón con el camerunés Roger Milla en una de sus locuras. Sin embargo, ya habría querido el país entero y el propio Andrés Escobar que la repercusión de su error en Estados Unidos 1994 se hubiera limitado solo a burlas.

Medina también tuvo la desgracia de aparecer en esta época desalmada, en la que han primado los odios, los regionalismos y las viejas rivalidades sobre cualquier asomo de piedad humana, en momentos en que muy pocos se expusieron a defenderlo.

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Dos partidos lo condenaron al paredón de las redes en momentos en que el país prendía velas a todos los santos para volver a un mundial, después de 16 años de ausencia. El primero fue el del 10 de septiembre de 2013, en el que debutaba con la Selección Colombia. El resultado fue 2-0 abajo, en Montevideo, tras un partido tácticamente pobre, como reconocían algunos analistas en su momento.

La derrota alejaba a Colombia de Brasil 2014, pero pudo haberse reivindicado a continuación, recibiendo a Chile en Barranquilla, el 11 de octubre de ese mismo año. Allí, su actuación resultó difícil de excusar, al punto que terminó relevado en el intermedio, cuando ya se perdía 0-3.

Para completar, ese juego terminó en una épica remontada que catapultó a la Selección de nuevo a un Mundial, dejando a Medina como el gran culpable, sobre todo para los miles de críticos sin rostro de las redes sociales.

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Entonces tuvo que refugiarse en el exilio. Ha tenido que pasar un largo purgatorio lejos de su país, donde han sabido valorarlo. De sus 202 partidos en México, con Pachuca y Monterrey, ha sido titular en 189. Solo ha sido expulsado cuatro veces, todas por doble amarilla, y acumula siete goles.

En la Liga MX cultivó una paciencia digna de un veterano, tal como quedó claro en sus declaraciones recientes, en las que se mostró incluso comprensivo con el desalmado ‘bullying’ del que ha sido objeto año tras año. Según él, las críticas hacen parte del oficio del futbolista.

José Pékerman lo volvió a llamar solo en nueve juegos después del Mundial de Brasil, incluyendo la preselección para Rusia 2018. Ahora, Carlos Queiroz echa mano de él para cubrir la baja de Luis Manuel Orejuela. ¿Qué le vieron dos experimentados estrategas como ellos, de estilos distintos, continentes distintos, y gustos distintos (como quizá se vea a la larga)?

Puede ser su versatilidad para moverse en la defensa, tanto como zaguero central como lateral. Quizá sea su capacidad de desempeñarse en ambas bandas. O de pronto sea que en México, lejos de donde el foco mediático es más claro en Colombia, se ha ganado su lugar. Puede ser que todo lo anterior lo haya hecho merecedor de esos llamados, o quizá sea su vehemencia para seguir atendiendo llamados sin perder sobriedad.

Stefan Medina

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Pero, tan es así, que incluso él mismo reconoce que está en sus propias manos cambiar su imagen entre los hinchas, tal como lo declaró al llegar a la concentración en días pasados:

“Me lo ganaré dentro del terreno de juego y cuando tenga la oportunidad. Ojalá la vida me dé esa revancha y la gente pueda cambiar su percepción”