Nairo Quintana superó la contrarreloj de este sábado, que a la vez era el último examen que le faltaba para asegurar su presencia en la meta de la jornada final del Tour de Francia.

Los últimos nueve días han sido un total calvario para el líder del equipo Arkea. El boyacense se cayó en un ortiguero en la etapa 13 de la carrera y ese accidente le dejó lesiones en su cuerpo que nunca antes había vivido.

El colombiano aseguró en su momento que tenía el cuerpo lleno de unas ampollas extrañas que ni siquiera lo dejaban dormir de la incomodidad, pero por su cabeza en ningún momento pasó la idea de retirarse de la carrera de sus sueños. Quintana padeció la última semana de la competencia y llegó a manifestar que el de la etapa 17 fue el peor día de su vida sobre una bicicleta.

La caída que sufrió lo dejó sin posibilidades de disputar el podio de la clasificación general que tanto anhelaba este año. En todas las jornadas que siguieron a ese incidente perdió tiempo respecto a los favoritos y por eso terminará la carrera a poco más de los primeros.

Pero el reloj dejó de ser una preocupación para Quintana y su alma se concentró en no poner pie a tierra y llegar a París a punta de orgullo y amor propio. La de este año fue la séptima participación de él en el Tour de Francia y en ninguna se marchó a casa sin terminar las 21 etapas y cruzar la meta en la capital de ese país.