El certamen medirá este 7 de febrero a Tampa Buccaneers con Kansas City Chiefs en el estadio Raymond James de la ciudad de Tampa, donde se reunirán 22.000 espectadores.

Es por ello que la vigilancia estará a cargo de 500 agentes de policía, del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) y del FBI. Así como de un sinnúmero de agencias de inteligencia que ya se desplegaron en la zona.

Al respecto, David Pekoske, director interino del DHS, manifestó ante la prensa que no se han realizado “ajustes específicos” a las operaciones tras el asalto al capitolio de Washington por parte de los adoradores de Donald Trump.

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Sin embargo, apuntó que hay “mayor énfasis en el trabajo de investigación” enfocado en potenciales amenazas de extremistas locales o grupos terroristas.

Es por ello que efectivos policiales patrullarán las calles a caballo antes del Super Bowl LV y a quien no tenga entrada para el partido lo alejarán del estadio.

Además, un avión especializado sobrevolará Tampa, área en la que un equipo de 6.000 trabajadores vela por la organización del evento.

De las 22.000 personas que estarán en las tribunas, 7.500 serán profesionales de la salud vacunados que han combatido en primera línea al coronavirus, mientras que los 14.500 restantes serán aficionados en general que deberán tener un distanciamiento mínimo de 1,8 metros entre sí.