A la paciente, que viajó el pasado 23 de enero desde Wuhan (China) hasta el país europeo, le hicieron pruebas en los ojos al ver que, además de dolor de garganta, coriza (inflamación de la mucosa nasal) y tos seca, también presentaba conjuntivitis bilateral, indica un estudio publicado recientemente en Annals of Internal Medicine.

De acuerdo con la investigación, a la mujer le tomaron muestras oculares casi a diario en el Instituto Nacional de Enfermedades Infecciosas L. Spallanzani (INMI); después de 21 días, los exámenes revelaron la presencia de COVID-19.

El estudio señala que entre los 22 y 26 días de hospitalización, el coronavirus fue indetectable en las muestras de nariz y ojos; sin embargo, en el día 27 el virus volvió a aparecer en las pruebas de secreciones oculares.

En aquel momento, según el análisis, los médicos también descubrieron que las muestras obtenidas de los ojos de la mujer se estaban replicando, por lo que suponían un foco de infección.

En la investigación, los especialistas concluyeron que “los fluidos oculares de los pacientes infectados con SARS-CoV-2 pueden contener virus infecciosos y, por lo tanto, pueden ser una fuente potencial de infección”.

Ante esto, los especialistas instan a los oftalmólogos a usar equipos de protección durante los exámenes clínicos, pues “la mucosa ocular puede ser no solo un sitio de entrada de virus sino también una fuente de contagio”, concluyó el estudio.