Ese es un trastorno alimenticio “que hace que quienes lo sufren, eliminen tal cantidad de alimentos de su dieta que ponen en riesgo su salud física y desarrollo psicosocial”, explica en su página web la Clínica Los Condes.

El centro médico señala que a diferencia de la anorexia, aquellos que padecen ese trastorno “no tienen problemas con su cuerpo y, de hecho, son conscientes de que no es correcto comer tan poco y mal”.

En el caso de Michaela, ella evita cualquier tipo de comida, a excepción de los nuggets y las papas fritas, indica Daily Mirror y añade que, a raíz de esa baja ingesta calórica y nutritiva, la británica solo pesa 34,9 kilos.

En una entrevista citada por el diario inglés, la mujer—de 26 años— contó que siempre comió como cualquier otra persona, pero que haber terminado con un novio la afectó de tal manera que empezó a alimentarse muy mal:

“Pasé por una ruptura difícil y dejé de comer de todo; solo desayunaba una lata de Monster (un energizante). Había algunas otras cosas que comía, pero en cantidades muy pequeñas”.

Michaela añadió que “desearía poder comer más” y que le encantaría “ser gordita”. Asimismo, según Daily Mail, la mujer indicó que lo que más le preocupa es que sus 3 hijos pequeños copien sus malos hábitos alimenticios.

La británica también comentó que teme quedar ciega, pues, debido a la falta de vitaminas, el nervio óptico “podría perder su capacidad para transmitir mensajes al cerebro”, recogió el rotativo.

Actualmente, de acuerdo con ambos medios, Michaela está intentando comer un poco más, y su novio ha sido indispensable en ese proceso.