Todo iba bien cuando Michael cambió su televisor antiguo, por problemas con el sonido, a un nuevo Smart TV que le promete contenido multimedia en tiempo real, juegos, aplicaciones, redes sociales y navegación por internet. El problema comenzó cuando comenzó a leer las 46 páginas de la política de privacidad.

Los datos que recopila este dispositivo son impresionantes; registra dónde, cuándo, cómo y cuánto tiempo usa el televisor, con la ayuda de una serie de ‘cookies’ de seguimiento y ‘balizas’ que registran el momento y la forma en la que interactúa con un tipo de contenido en específico.

Algunos dispositivos tienen una cámara incorporada con reconocimiento facial, con el propósito de proporcionar el ‘control por gestos’ en su televisor. El lado bueno es que estas imágenes se registran en el Smart TV y no en un servidor corporativo, sin embargo, la conexión a internet lo deja vulnerable a los ‘hackers’ para que tomen un control total de su televisor.

Y como si no fuera suficiente, el reconocimiento de voz es lo más preocupante. Aunque sea funcional para muchos, porque pueden controlar su pantalla con el comando de voz, no es lo más seguro de usar.

“El servicio viene con una advertencia bastante ominosa: ‘Tenga en cuenta que si sus palabras habladas incluyen información personal o confidencial, esa información estará entre los datos capturados y transmitidos a un tercero'”, explicó el abogado.

Cabe resaltar que la ley actual brinda poca protección a la privacidad de los ‘registros de terceros’, como el correo electrónico, el almacenamiento en la nube, y, probablemente, la información que le sea proporcionada al televisor será incluida en esa categoría, comentó Michael en al portal Salon.