En la madrugada del 2 de febrero, un sismo de magnitud 2.6 sacudió la región fronteriza entre Colombia y Panamá, según lo informó el Servicio Geológico Colombiano (SGC). El evento fue registrado a las 4:04 a. m., hora local, en una zona próxima al municipio de Juradó, del departamento del Chocó. La profundidad del movimiento telúrico fue catalogada como superficial, es decir, menor a los 30 kilómetros, lo que caracteriza a los temblores que, pese a su baja magnitud, pueden ser percibidos por quienes habitan en las zonas aledañas al epicentro.
El reporte oficial del SGC especificó las coordenadas geográficas del epicentro en los 7.22 grados de latitud y -77.89 grados de longitud. El municipio de Juradó resultó ser el punto más cercano, a tan solo 19 kilómetros del origen del sismo. Otras localidades como Riosucio, en el mismo departamento, y El Real de Santa María, perteneciente a la provincia panameña del Darién, se situaron a 89 y 101 kilómetros respectivamente del epicentro. Esta distribución evidencia el alcance potencial de los movimientos telúricos recurrentes en la región noroccidental, caracterizada por su compleja actividad sísmica.
La identificación del evento bajo el código SGC2026chlhqt se realizó a través del procesamiento de datos obtenidos de 42 estaciones sismológicas distribuidas en el área. El estatus manual del informe pone de manifiesto una revisión exhaustiva del equipo de especialistas del SGC, quienes analizaron los registros técnicos y determinaron parámetros clave para la calidad del cálculo, como un RMS (Root Mean Square o raíz cuadrática media) de 1.2 segundos y un gap de 129 grados. Dichos valores reflejan la precisión alcanzada al determinar la localización y magnitud del temblor.
A pesar de su baja intensidad, el sismo pudo haber sido levemente sentido por residentes cercanos, especialmente en áreas rurales del litoral pacífico chocoano. Sin embargo, el Servicio Geológico Colombiano aclaró que no se reportaron daños estructurales ni afectaciones mayores a causa del movimiento, en buena medida gracias a la reducida energía liberada.
Este tipo de eventos forman parte de la actividad sísmica habitual en Colombia y en la zona limítrofe con Panamá, donde existen varias fallas geológicas activas. Las autoridades y medios como Noticias Caracol insisten en la importancia de la observación constante y la interpretación rigurosa de los reportes técnicos para entender y prevenir posibles impactos de movimientos telúricos moderados o mayores en la región.
¿Por qué la profundidad de un sismo influye en su percepción y posibles daños?
La profundidad de un sismo, es decir, la distancia desde la superficie hasta el punto de origen del movimiento, juega un papel crucial en la manera como se percibe el evento y en el potencial de afectación. Un sismo superficial, como el reportado por el Servicio Geológico Colombiano en el Chocó, tiende a sentirse con mayor intensidad local, aun si su magnitud es baja, ya que la energía sísmica se disipa en menor trayecto antes de llegar a la superficie y a los asentamientos humanos.
Por el contrario, los sismos profundos, aunque alcancen magnitudes significativas, suelen ser menos percibidos en la superficie y, en ocasiones, no causan daños materiales. Por ello, el seguimiento técnico y la interpretación de parámetros como la profundidad adquieren relevancia para la prevención y la gestión del riesgo sísmico en Colombia y áreas de alta vulnerabilidad como la región fronteriza con Panamá.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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