De acuerdo con el análisis, entre 1990 y 2009, a pesar de que el Dane hizo un buen trabajo, “hubo un subregistro” de poco más de 15 %, equivalente a cerca de 74.000 homicidios que no habrían quedado en los registros oficiales, explica Piedad Urdinola, profesora de Estadística de dicho centro académico, citada por Unimedios.

Urdinola agrega que el “mayor subregistro” fue para homicidios de mujeres.

Los sitios donde menos asesinatos habrían quedado en los registros oficiales son La Guajira, el sector del Vichada cercano a la frontera con Venezuela, el occidente del Amazonas y el sur del Meta, entre otros, precisa la investigadora.

El modelo estadístico se hizo con base en reportes de muertes violentas en los municipios, teniendo en cuenta zonas que fueron muy golpeadas por el conflicto entre esos años, como los límites entre Caquetá y Meta, el Urabá, el suroriente de Nariño y el sur de Arauca.

“Durante esta época sorprende el cambio de algunas zonas que eran completamente pacíficas a principios de los años noventa y que 20 años después presentaban altos índices de violencia. Esto se observa, por ejemplo, en Tumaco”, dice la investigadora.