“El gran problema es que Iván Duque no tiene capital político, su carrera ascendente a la presidencia se la debe al expresidente Álvaro Uribe”, escribe Ávila en su columna de El País, de España, y agrega que en Colombia “no hay nadie que se declare duquista y dentro de su partido se escuchan más críticas que apoyos”.

Por eso, continúa Ávila, el presidente Duque “no puede tomar ninguna decisión sin consultar antes con Álvaro Uribe”. El columnista, además, advierte que si el mandatario decidiera no seguir los consejos del hombre fuerte de su partido y se corriera al centro derecha o centro, “es difícil que allí encuentre espacio. Como se dice popularmente: Entre la espada y la pared”.

Esa situación, según Ávila, responde a la pregunta de por qué el país llegó al punto en que está, caracterizado no solo por los “golpes demoledores” jurídicos que ha sufrido Duque (la Corte Constitucional tumbó sus objeciones a la ley estatutaria de la JEP y la Corte Suprema de Justicia ordenó la libertad de ‘Jesús Santrich’), sino por la afirmación del gerente general del Banco de la República según la cual la economía está estancada por la “polarización política que viene adelantando el gobierno Duque. Es decir, llevar al país a debates sin sentido y perdidos paralizó la economía”.

Ávila también pregunta cómo hacer para salir de la parálisis institucional, pero dice que la respuesta es “aún más dramática”.

“Desde el inicio se dijo que el presidente Duque o era un títere de Álvaro Uribe o iba a ser un traidor. Cualquiera de las opciones que tomara le iba a traer fuertes problemas”, analiza Ávila, y, a renglón seguido, sugiere que el problema está lejos de encontrar soluciones: “El presidente decidió irse por el medio que es la peor de las decisiones. Ahora su popularidad esta en 30%, y ni siquiera ha cumplido el primer año de mandato”.