En un mundo que estuvo aletargado durante prácticamente medio año por la expansión del coronavirus muy pocos analistas (si no es que ninguno) se habían detenido a pensar en la posibilidad de la salida de los jóvenes del país, en principio porque el transporte aéreo ha estado paralizado.

Pero González expone en su columna del diario capitalino varias razones que configuran el escenario propicio, un verdadero caldo de cultivo, para que los jóvenes quieran salir del país “apenas se normalice el tráfico aéreo internacional”.

En la primera, cita la Encuesta Mundial de Gallup sobre migración potencial, que mostraba a Colombia como uno de los países donde la gente más quería emigrar. Después, pinta el panorama relacionado con el coronavirus: “[…] Ahora Colombia es el país con más contagios y muertes por millón de habitantes del mundo en las últimas dos semanas, nada más y nada menos, de acuerdo a la Johns Hopkins University. En breve será el quinto país con más contagios netos del mundo”.

González no lo menciona, pero a la par con sus comentarios hay que tener en cuenta el hecho irrefutable de que los jóvenes en todo el mundo vienen pagando un altísimo precio por el coronavirus: estudios interrumpidos, empleos destruidos…, que principalmente afectan a quienes tienen entre 18 y 29 años en un impacto que la OIT calificó como “sistemático, profundo y desproporcionado”.

De ahí González pasa al tema más doloroso para Colombia, el del narcotráfico y las masacres, sobre todo de jóvenes, que sacuden al país: “Por si fuera poco, el auge del narcotráfico, de los grupos armados ilegales y las masacres recuerdan los aciagos años de envilecimiento del país, del Estado fallido de los gobiernos de Samper y Pastrana”.

“Poco a poco, el país camina el destino trágico de violencia y la crisis económica, que se repite una y otra vez, que crea temor y angustia en nuestros jóvenes, quienes ven desparecer las pocas certezas y cómo la falta de oportunidades les negará el derecho siquiera a una pulgada de suelo en su propia patria”, escribe González.

En ese sentido, hay que tener en cuenta el grave incremento del desempleo en Colombia, provocado por la crisis que desató la pandemia del coronavirus, y que en julio pasado alcanzó el 20 %. Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), se trata de un crecimiento de 9,5 puntos con respecto al mismo mes del año pasado.

La República indica que si bien “la mayoría de las voces económicas del país están centradas en idear recetas, planes y pactos para que la economía […] salga lo más rápido posible de la caída histórica que se presentó en el trimestre comprendido entre abril y junio, que dejó la fatídica contracción de 15,7% del PIB, […] el enemigo en la sombra al cual hay que atacar es la desocupación entre los jóvenes, aquellos colombianos de entre 14 y 28 […]”.

Las cifras son calificadas por el diario económico en su editorial como “más que alarmantes”, pues la tasa de desempleo, en el caso de esta población, la cifra llega a 29,7% en el trimestre de mayo a julio. “Al compararse con el mismo periodo de 2019, muestra que prácticamente se duplicó, pues estaba en 17,5 %”.

Citando datos del Dane, este medio asegura que “las cifras se ponen peor”, debido a que al inicio de año se contabilizaban más de 5,8 millones de jóvenes que estaban trabajando, “y el último corte de cuentas tan solo revela a cuatro millones de colombianos menores de 29 años que tienen un empleo, sea formal o informal”.

Pero a este drama le encuentra otra arista: la de los desocupados, “que llegaron casi 1,6 millones, y a los inactivos, que se sobrepasaron los 6,5 millones de colombianos. “El panorama es complejo y solo da cuenta de que ser joven en este país significa ser más vulnerable y desaprovechar prácticamente los conocimientos adquiridos en una etapa temprana de formación”, lamenta La República.

González, sin embargo, advierte que el país “aún está a tiempo y debiera generar los incentivos a fin de evitar la muy probable desbandada, como la de comienzos de siglo, apenas se abran de nuevo las fronteras aéreas”. Para La República, es “imperativo” que el Gobierno, el sector productivo, los sindicatos y universidades “fortalezcan una alianza e impulsen pactos para verdaderamente subsanar este problema que está afectando económica y emocionalmente a las generaciones más jóvenes”.