Cuando Rojas era sacristán de esa iglesia católica, le manifestó al sacerdote que quería subir a la casa cural, porque veía que muchos “hombres, menores de edad” subían allá, a lo que el padre le respondió que tenía que sacar buenas notas, narró el denunciante en La W.

Meses después, cuenta la víctima, el párroco le empieza a pedir besos, y él accede a dárselos en la mejilla, porque era su figura paternal. No obstante, el sacerdote, asegura el entrevistado, empezó a pedírselos en la boca, y posteriormente lo “toca”.

Me besa, me mete la lengua, y comienzan esos tocamientos”, cuenta Rojas, que agrega que el padre lo “accedió carnalmente” en dos ocasiones, cuando iba a cumplir 13 años,  y que además lo obligaba a hacerle felaciones.

Rojas asegura que el sacerdote le pedía que no le dijera nada de esos abusos a sus papás, y que él también se sentía impedido de denunciar porque el sacerdote apoyaba económicamente a su familia.

“Me daba miedo [denunciar]. De una u otra forma él me compraba, compraba mi silencio con cosas. Incluso la primera vez que me accede carnalmente me dio un billete de 50.000 pesos, y me dice que me compré un pantalón. Le creían más a él que a mí, que era un niño de 12 años”, narra la víctima.

Años después Rojas se atrevió a denunciar al que dice que es su abusador, tanto a la Fiscalía como a la Iglesia Católica, que recibió el testimonio de ambas partes.

Según la víctima, el sacerdote señalado reconoció ante el Tribunal Eclesiástico que sí abusó de Rojas, pero que fue culpa del entonces niño que lo “sedujo”.

Ante la denuncia, la Iglesia Católica le aseguró a la emisora que el párroco fue suspendido de “todas sus facultades ministeriales, es decir, se estableció ya una medida preventiva”.

Es un testimonio realmente muy doloroso y precisamente por eso por el dolor que todavía causa en Manuel Alejandro y en quienes lo puedan escuchar, pues la Arquidiócesis le ha facilitado a él la asesoría espiritual y la asesoría sicológica para que él logre como es su voluntad esas heridas de ese pasado realmente dramático y muy doloroso“, declaró el monseñor Pedro Mercado, presidente del tribunal religioso.

El caso sería enviado a Roma, donde la iglesia deberá decidir si el acusado es culpable o no. Las autoridades civiles harán su investigación propia.