En ese sentido, pone de presente dos hechos: el asesinato de la líder comunitaria María del Pilar Hurtado, en Tierralta, Córdoba, y la presencia de Iván Duque en un foro sobre publicidad en Cannes, Francia, “hablando de creatividad, tecnología y de (adivinen qué) economía naranja”.

Para ilustrar lo que cree que le está pasando al Gobierno de Duque, la columnista apela al personaje de la novela de Robert Louis Stevenson (‘El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde’, 1886), un misántropo (Edward Hyde) que también resulta ser el médico Henry Jekyll.

“Una persona que hubiese estado en ese auditorio de Cannes en donde hablaba Duque […] jamás hubiese creído que el video del hijo de María del Pilar Hurtado [llorando y gritando de desesperación frente a su cadáver] sucede en el mismo país”, escribe Borda.

Para esta columnista, es muy probable que la supuesta persona que hubiera estado en el escenario de Cannes viendo a Duque “llegara a la conclusión a la que estamos llegando todos: Duque está haciendo política exterior para un Estado imaginario, uno que solo está en su cabeza y en la de sus funcionarios”.

“Que un país convulsionado como el nuestro deba retrotraerse de lo internacional” no es la solución, agrega Borda, y hace un llamado para que “la política exterior se constituya en un mecanismo que contribuya a resolver nuestras dolencias internas y no a ocultarlas o negarlas”.

Pero advierte que eso no se puede lograr “si al salir del país, el Presidente cambia de personalidad como cambia de ropa y decide no solo hablar de temas totalmente lejanos, sino que, además, se presenta como un gran defensor de la paz, cuando todos estamos viendo en primera fila lo poco que está haciendo para que no volvamos a caer en la espiral de violencia de la que ya parecíamos estar saliendo”.

Y en este punto hace otro paralelismo, quizá más duro: “Se trata de una conducta internacional vergonzante, hipócrita y contraproducente. El Gobierno está haciendo lo mismo que el vecino que quebró; para que todos piensen que no ha pasado nada: sigue gastando, ostentando y aparentando lo que no es para acallar el qué dirán. Y, en el acto de mostrarse como lo que no es, solo está contribuyendo a profundizar su propia crisis”.

Al final, cierra su columna en el punto donde la comenzó: “Si su compromiso con la consolidación de la paz y la preservación de la vida de desmovilizados y líderes sociales es débil, un país otra vez sumido en la violencia no sería territorio propicio para poner a funcionar su dichosa economía naranja. La economía naranja es un lujo del posconflicto, señor Presidente”, le recuerda.