Y es que el video que difundió este jueves el nuevo cabecilla de las disidencias de las Farc, rodeado por otros exjefes de la antigua guerrilla como alias ‘Jesús Santrich’, ‘el Paisa’ y ‘Romaña’, fuertemente armados, provocó de inmediato que el país entero (Gobierno, JEP, gremios, banqueros, empresarios, sociedad civil y hasta sus antiguos compañeros) cerrara filas para descalificar esa decisión.

Un día después, con más elementos de juicio, los medios se manifiestan en sus espacios editoriales y también llama la atención que, independientemente de sus conocidas diferencias ideológicas y políticas, coinciden en reprochar la actitud guerrerista de ‘Márquez’ y su grupo, en hacer un llamado a perseverar en la consolidación de la paz, y en respaldar a los desmovilizados de las Farc que siguen apostándole a la paz.

El optimismo del país en el proceso es tal que El Tiempo incluso plantea una consecuencia positiva del anuncio de rearme de los exjefes guerrilleros: “Tener claro ya que esta vertiente minoritaria de la antigua guerrilla ha decidido […] volver al monte, por supuesto que impacta […]. Pero al mismo tiempo marca el fin de un ciclo de incertidumbre. Ya no hay duda de quiénes definitivamente no le apostaron a la paz: su suerte está echada, y es positivo, en medio de todo, saber que están lejos de ser una mayoría”.

“Así las cosas, es necesario perseverar”, subraya el diario capitalino. “El Gobierno, que les ha venido cumpliendo a los más de 8.000 excombatientes que siguen comprometidos con el proceso, no puede bajar la guardia. Debe garantizar que continúe el buen ritmo que lleva la puesta en marcha de iniciativas como la de los proyectos productivos y, ante todo, tiene que enviar un mensaje preciso y contundente a estas personas en el sentido de que su apuesta por la paz rendirá frutos y todo lo pactado se seguirá cumpliendo”.

“Hoy más que nunca es necesario que sea un propósito de Estado llevar a buen puerto la paz”, insiste el rotativo. “No hay razones para que este golpe conduzca al catastrofismo. Es un hecho lamentable, sin duda, pero también una oportunidad para reaccionar con serenidad y buen criterio”, sostiene, y agrega que las tormentas que amenacen el proceso “podrán sortearse, siempre y cuando no se apague el faro de la unión de una sociedad entera en torno al cuidado de su logro más importante en décadas”.

Para El Espectador, el anunció de ‘Márquez’ y compañía buscaba “dar un golpe de terrorismo mediático”. “Escondidos, debilitados y abandonados políticamente, pretendían sacudir a Colombia con la idea de que la guerra ha regresado”, observa este periódico, pero señala que “hay muchas señales para reconocer que el Acuerdo de Paz puede enfrentar esta coyuntura: quienes vuelven a las armas serán perseguidos; quienes le apuestan a la legalidad van a ser protegidos por un Estado incluyente”.

También celebra que el partido Farc desautorizara el alzamiento, e incluso cita lo que dijo Rodrigo Londoño, presidente de la naciente colectividad política: “Nuestro compromiso hoy más que nunca, como mayoría, como partido, como país, es la paz, la defensa y el cumplimiento del Acuerdo. Se equivocan quienes se alejan de la paz, como quienes la han atacado siempre”.

El Nuevo Siglo, reconocido diario conservador, pese a que considera que hoy Colombia tiene “un teatro operativo diferente al que existía cuando se inició el proceso de paz de Santos” y que el país “estaría de nuevo, en muy corto plazo, ante el reafianzamiento del fenómeno guerrillero”, también sostiene que “lo que se requiere es la unidad total en torno del jefe del Estado y las Fuerzas Militares” para “afrontar el difícil escenario que se ha venido fraguando como sustrato de la desestabilización institucional colombiana”.

Bajo el título ‘La unión será la clave’, el diario El País, de Cali, sostiene en su editorial que “a partir de ahora, el país reclama la unión para combatir a quienes traicionaron los acuerdos que negociaron y firmaron y pretenden amedrentar a la Nación con la guerra que nunca abandonaron”. Y recalca en otro de sus apartes: “No es el momento para declarar la sorpresa, aunque sí es la oportunidad para llamar a la unidad de los colombianos contra la amenaza que representa ese pronunciamiento”.

“Es necesario superar las diferencias y poner por encima de ellas la necesidad de defender a la Nación de los peligros que esa alianza del mal representa para todos”, dice el diario caleño. “Y de reconocer que son más de diez mil los desmovilizados de la antigua guerrilla los que están comprometidos con el esfuerzo por construir la paz en Colombia, a pesar de las dificultades que se han presentado en su implementación”.

“No es momento para discusiones. Es la oportunidad de seguir adelante y hacer lo necesario para consolidar el gran esfuerzo por terminar la violencia mediante el diálogo civilizado y la negociación. Con todo y sus imperfecciones, el país adquirió un compromiso y hay que honrarlo, dejando de lado discrepancias partidistas que causan daño, sin desconocer el derecho a disentir que caracteriza a la democracia”, insiste.

Para El Colombiano, se inicia “un capítulo para el que se requiere una templanza que sepa alentar y acompañar a quienes continúan en el proceso de paz —cerca del 80 % de los excombatientes—. Temple que a la vez afirme el combate contra quienes insisten en intimidar y exigir cambios mediante las armas y la violencia. No hay que permitir que se frustre un acuerdo que, al igual que otros firmados en el mundo, afronta disidencias previsibles”.

Hasta los dos diarios económicos se ocuparon del tema. La República, por ejemplo, asegura que “Colombia no puede volver a dejarse capturar por el miedo que pretenden re-imponer pequeños reductos guerrilleros al margen de la ley dedicados al narcotráfico. La Colombia de hoy es muy distinta a la de los años 60 o 90 cuando los grupos insurgentes sometieron a la sociedad, impusieron el miedo y actuaron como Estado en una buena parte del territorio nacional”.

“Que unas pocas docenas de guerrilleros al servicio del tráfico de drogas pretendan posar de la ‘nueva revolución’ no deja de ser uno de los efectos colaterales del proceso de paz que se ha venido construyendo en Colombia”, dice este rotativo. “El miedo no puede volver a apoderarse de la sociedad en pleno arranque de la tercera década del siglo XXI, justo en un momento en que nuevos retos le aparecen al país”.

Portafolio considera que ante la amenaza “es obligatorio reaccionar con cabeza fría” y recomienda que “diferentes actores deben subrayar que el proceso de paz no ha fracasado”, pues “las cifras muestran que una proporción ampliamente mayoritaria de excombatientes cumplió con la promesa de desmovilización hecha desde un comienzo”.

Y hace ua reflexión pertinente: “En lo que atañe a los colombianos, no queda más que conservar la calma. Si alguna lección enseña nuestra convulsionada historia es que no hay organización que logre doblegar al Estado, así haya contado con la fortaleza del cartel de Pablo Escobar, el salvajismo de los paramilitares o la insensatez de los grupos guerrilleros financiados por los secuestros y el narcotráfico”.