“Colombia ya no es el país de extrema derecha”, asegura Lara Salive en su columna del diario bogotano, para introducir su afirmación central de que ya no se le “come cuento a Álvaro Uribe y al Centro Democrático”, pues considera que “el principal partido es hoy el Verde”.

Sus argumentos: el triunfo de Claudia López en Bogotá, de Daniel Quintero en Medellín, Jorge Iván Ospina en Cali, más la victoria de los alcaldes de Cartagena, Cúcuta, Villavicencio y Manizales. Todos ellos “demuestran que el país no es el que el presidente Iván Duque cree”, agrega.

Lara Salive dice que Colombia “se hartó de la polarización encarnada por el enfrentamiento entre Gustavo Petro y Álvaro Uribe, los derrotados de las pasadas elecciones. Quiere superar la politiquería y caminar hacia la modernidad. Y no desea seguir hundida en la guerra”.

Efectivamente, sin que lo mencione en su columna Lara Savile, en las últimas horas la alcaldesa electa de Bogotá ha aterrizado en la práctica esos conceptos abstractos del hartazgo del país con la polarización y los enfrentamientos entre caudillos, al visitar y dialogar con quienes fueron sus contendores en la campaña por la alcaldía de la capital.

Y hace un listado de quienes deben oír esos mensajes que dejaron las elecciones: el presidente Duque, que “debe sintonizarse con ese nuevo país”; Uribe, que “debe darse cuenta de que ya es hora de que se dedique a sus nietos y a sus caballos y deje a este país en paz, porque Colombia anhela nuevos liderazgos”; Petro, que “tiene que entender que ya él no es el gran jefe de la izquierda”, y hasta el Eln, para que “deje su empeño en continuar la guerra”.

La senadora uribista Paloma Valencia, sin embargo, tiene otra óptica de lo que ocurrió el domingo pasado en las urnas, particularmente con su partido, el Centro Democrático.

Ella se declara sorprendida, en su columna de El Nuevo Siglo, porque los medios de comunicación califican de “derrotado” al Centro Democrático, ya que, y eso ya lo ha afirmado en varios escenarios, esa colectividad, según sus cuentas, “creció”.

“Claro que perdimos Bogotá y Medellín, que hubiéramos querido ganar y crecer más, pero es innegable que avanzamos”, agrega Valencia, y explica que el uribismo pasó de mantener la gobernación de Casanare, a ganar las de Amazonas, Vaupés y Vichada, más otras dos en coalición.

En cuanto a las alcaldías —continúa Valencia—, crecieron “muy significativamente”, pues de 56 pasaron a 121, y 70 adicionales coavaladas. “Crecimos en un 42% en el número de votos comparados con las elecciones de 2015, sumando más de 3,2 millones”, asegura.