En este caso, en un sector del barrio La Enea, de Manizales, una persona grabó con su celular el ejemplar comportamiento del ciclista que se detuvo para ayudar a la vendedora del conocido refresco.

Ella no podía acomodar y asegurar la nevera portátil sobre un carrito, al parecer, un coche de bebé, y el joven, sin camisa, se detuvo para auxiliarla. Estaciona su bicicleta y deja el morral que lleva en el piso.

La cosa no parecía fácil porque incluso él, en varias oportunidades, se rasca la cabeza. Inclinados ambos sobre el carrito buscando la forma de sujetar la nevera, ven cómo pasan los minutos sin hallar una solución.

En ese punto, el joven decide quitarse los cordones de su calzado y con ellos consigue amarrar la nevera al carrito. Como si eso fuera poco, también le hace una prueba para garantizar que su idea no se vaya a desatar.

La vendedora, contenta, echa encima de la nevera una bolsa plástica, y, con todo eso, sale entusiasmada para empezar a trabajar.

El joven, también satisfecho por lo que acaba de hacer, se pone su buzo, se carga el morral y se monta en la bicicleta. Todo pasa relativamente rápido, pero deja una refrescante sensación por la actitud de un buen ser humano.