Lo primero que plantea Ávila en ese diario es que el país está pasando por un fenómeno de violencia que tiene como punto de partida la competencia política y que intenta “controlar todos los factores de distribución de poder”.

Eso incluye el uso de la violencia como “otro mecanismo de competencia política en Colombia” y que echa mano a una especie de “lumpen criminal” para amedrentar rivales, comentó Ávila, quien también ha sido amenazado de muerte por sus investigaciones.

“La violencia es otro mecanismo de competencia política en Colombia”, dijo a El Espectador el politólogo, quien además precisó que la mayoría de las amenazas terminan convertidas en homicidios y atentados contra candidatos, líderes comunales, políticos jóvenes o personas que intentan ejercer control ciudadano.

Además, aclaró que no es preciso atribuir la actual violencia política a una sola estructura armada porque en realidad lo que pasa en las regiones es que los políticos, que pretenden quedarse con el control de las administraciones, emplean sicarios para sus propósitos.

En ese sentido, Ávila destacó que el 80 % de las acciones violentas corresponden a “actores desconocidos” y en el 20 % restante tienen injerencia organizaciones como el ‘Clan del Golfo’, ‘los Caparrapos’, el Eln o algunos disidencias de las Farc.

De igual manera, el investigador desmintió la tesis de que las nuevas violencias se originan por los vacíos de poder que dejaron las Farc después de la desmovilización.

“La respuesta es no, no es así. Los altos niveles de incertidumbre electoral llevan a que los candidatos recurran a la violencia y busquen financiación de grupos ilegales para sostener el ritmo económico de una campaña”, indicó Ávila al periódico.