Aunque durante la noche por las principales vías circularon vehículos que estaban eximidos de la restricción (como los que transportaban personas desde o hacia el aeropuerto o el terminal de transporte, los de emergencia o los de autoridades administrativas y periodistas), la orden del alcalde Enrique Peñalosa se cumplió a cabalidad.

Unos minutos antes de que se cumpliera el límite, varios ciudadanos se adelantaron, no esperaron a que fueran las 6:00 de la mañana y salieron de sus casas a pie o en sus carros para dar comienzo a la jornada de este sábado.

La ciudad también despierta con la expectativa del balance que den las autoridades sobre la medida del toque de queda, comoquiera que hacia las nueve de la noche, hora en que comenzó en toda la ciudad, todavía había mucha gente en las calles.

Entre esas personas estaban quienes no habían podido llegar a sus casas por no haber encontrado transporte, otros que, en sus vehículos, se vieron atrapados en trancones, y varios grupos de manifestantes que se tomaron las calles para participar en la segunda jornada del ‘cacerolazo’.

El toque de queda, como medida para restablecer el orden en varias localidades donde los vándalos, otra vez, provocaron caos desde este viernes por la mañana, y para preservarlo en la mayor parte de la ciudad, que superó con tranquilidad las manifestaciones convocadas, se sumó a la ley seca que también decretó la Alcaldía entre el mediodía de este viernes y el mediodía de hoy sábado.

Durante la noche de este viernes, tal como lo decretó el alcalde Peñalosa, piquetes combinados de Policía y Ejército patrullaron la ciudad, para controlar el orden público, garantizar la seguridad de los capitalinos y hacer que la orden fuera cumplida a cabalidad por todos.

Pero también fue común que en diferentes barrios y conjuntos residenciales los ciudadanos pasaran la noche en vela montando guardia ante la amenaza de vándalos que intentaron meterse en las unidades residenciales para saquearlas. Así, en guardia, esos bogotanos recibieron este sábado.

Los bogotanos que madrugaron y salieron temprano de sus casas se encontraron con diferentes cuadros: además de las patrullas militares por las calles, los estragos que dejaron los disturbios de este viernes en varios puntos, como en la carrera Séptima con avenida Jiménez, en donde los vándalos, para atacar a la fuerza pública, atravesaron en la calle depósitos de basura.

Muchas vías también estaban cubiertas con las piedras que los violentos les lanzaron a los uniformados en diferentes sectores, convertidos en escenarios de batallas campales, y que evidencian la magnitud de la agresión.

Todo comenzó a ser limpiado por trabajadores del Distrito este sábado, bajo la mirada expectante de una Bogotá sorprendida por hechos que no había visto y que espera que la protesta y los reclamos, legítimos, no vuelvan a ser tomados por los violentos y por quienes los dirigen desde la sombra.

Si bien pasó una noche tranquila, Bogotá amaneció adolorida, porque también le hace daño cuando la someten al letargo de un toque de queda para preservarla de los vándalos.

AFP
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