La nota de Vox explica que la muestra de debilidad radica en la premisa de que es mejor ser aliado que enemigo de una potencia mundial como Estados Unidos, que es de lejos la que cuenta con la mayor capacidad bélica del planeta, mientras que Rusia jamás se pudo recuperar de su poderío luego de la caída de la Unión Soviética.
La ayuda a la que se refiere el análisis es la supuesta injerencia de los rusos en las elecciones estadounidenses mediante el ‘hackeo’ de los correos electrónicos de Hillary Clinton, lo que le habría quitado votos a la demócratas para dárselos a Trump, con la subsiguiente victoria del magnate representante del partido republicano.
El artículo también señala que Rusia no se encuentra en su mejor momento económico, pues ha debido enfrentar las sanciones de Occidente por su participación en la invasión a la península de Crimea, en Ucrania, y porque los precios del petróleo están por el suelo, lo que le resta a la nación más grande del mundo competitividad y poder económico.
El ingreso per cápita demuestra la desaceleración de la economía rusa, que cayó de casi 16.000 dólares anuales en el 2012 a 9.000 dólares en el 2014, según cifras presentadas en el informe periodístico.
Así las cosas, la idea del Kremlin es tener a Trump y su gobierno de aliados, tanto en los negocios como en iniciativas tales como retirarse de la Organización para el Tratado del Atlántico Norte, Otán, aunque funcionarios rusos citados por el portal Vox no tienen idea de cómo va a ser el gobierno de Trump y si en efecto los va a favorecer.
La llegada de Petro a la Casa Blanca
El presidente Gustavo Petro llegó este martes 3 de febrero en la Casa Blanca con un objetivo puntual: reiniciar la relación con Donald Trump y dejar atrás el clima de tensión que marcó los primeros meses del vínculo entre ambos gobiernos. Este fue el primer encuentro y posiblemente el único cara a cara entre los dos mandatarios. Cabe resaltar que la reunión se da tras una llamada telefónica inesperada el pasado 7 de enero, en la que acordaron verse en Washington. Desde entonces, tanto Petro como Trump han bajado el tono en público, conscientes de que una confrontación abierta no beneficia a ninguno.
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