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Al anunciar la ofensiva el sábado, el presidente estadounidense, Donald Trump, animó a la población iraní a tomar el poder una vez termine la campaña militar. Un llamamiento muy significativo, un mes y medio después de las masivas manifestaciones populares contra la república islámica que fueron aplastadas de manera sangrienta por el poder.
Tras la muerte de Jamenei el sábado, Irán está ahora mismo en manos de un triunvirato encargado de la transición. Lo componen el presidente Masud Pezeshkian, el jefe del poder judicial, Gholamhosein Mohseni Ejei, y Alireza Arafi, dignatario religioso miembro de la Asamblea de Expertos y del Consejo de los Guardianes de la Revolución.
– De momento, la continuidad –
En este momento, “el país parece contenido”, explica a AFP Pierre Razoux, de la Federación Mediterránea de Estudios Estratégicos (FMES). Según explica, con el cierre de las universidades, el corte de internet y la vigilancia en las calles se ha hecho “todo para evitar las manifestaciones”.
Y mientras siga actuando el aparato represivo, compuesto entre otros por los 600.000 efectivos de las milicias prorrégimen basiji, “es improbable que la gente salga de nuevo a las calles” a protestar contra la república islámica. Razoux, director de estudios en la FMES, llama la atención sobre el hecho de que el sistema iraní cuenta con procedimientos para gestionar la sucesión del líder supremo, por lo que “su eliminación no significa el fin de un régimen con varios centros”.
Por ello, este analista prevé como escenario principal “la continuidad del régimen con nuevas reglas del juego, tal vez en detrimento del clero (chiita), pero con las mismas personas”. “De la elección del nuevo líder supremo dependerá toda la orientación del régimen”, destaca el investigador Théo Nencini de la escuela de ciencias políticas Sciences Po en Grenoble, en Francia.
El caso iraní hace pensar en el de Venezuela. Tras la captura de Nicolás Maduro, Trump apostó por su vicepresidenta Delcy Rodríguez, quien como presidenta interina ha conseguido mantener en pie el régimen chavista haciendo importantes concesiones, con el petróleo pero también con la amnistía a los presos políticos.
En esa línea, la socióloga Azadeh Kian se preguntó en la radio Franceinfo si Trump intentará más adelante “entenderse con una parte más moderada del régimen” de Teherán. La muerte de Alí Jamenei, en el poder desde 1989, puede en cualquier caso “propiciar rivalidades importantes en los círculos de poder, entre los Guardianes de la Revolución y los civiles. Pero de momento, trabajan todos juntos para mantener el sistema en pie”, apostilló la socióloga.
– ¿La hora de los Guardianes?
Razoux abunda con que “la alternativa es la toma de poder por parte de los Guardianes de la Revolución”, el ejército de élite del régimen encargado de sus operaciones en el exterior. Y si bien su jefe Mohamad Pakpour murió en los bombardeos del sábado, los Guardianes son una fuerza muy bien organizada, que controla sectores enteros de la economía iraní.
“En realidad, el reequilibrio del poder en beneficio de los Guardianes de la Revolución ya ha tenido lugar, de manera progresiva desde hace años”, estima Théo Nencini. “Una posibilidad -apunta- es que haya una transición a un régimen más militarizado, bajo su liderazgo. Un régimen militar más clásico, sin la lógica religiosa chiita actual. Aunque me cuesta creer que prescindan del barniz religioso”.
– El ejército regular
Con sus 350.000 hombres, según la revista especializada Military Balance 2026, el ejército regular iraní “no tiene peso político actualmente, pero puede tener su papel en el futuro si los militares deciden tomar una dirección política diferente de la de los Guardianes de la Revolución”, comenta Nencini.
Pierre Razoux añade que ante un eventual giro político por parte del régimen, los militares tendrán que “demostrar que han desempeñado su papel y cumplido su misión” de defender el país.
El ejército podría también dar su respaldo a otra figura. “¿Pero quién? No hay figura política creíble que ofrezca una alternativa” entre los opositores, asevera Théo Nencini, de Sciences Po Grenoble.
– Una oposición desunida
La oposición en Irán se encuentra reprimida y, en el caso de muchas figuras destacadas, en la cárcel, como la premio Nobel de la Paz 2023, Narges Mohammadi. El hijo del último sah de Irán, Reza Pahlavi, “está recibiendo proyección en los medios occidentales” y parece gozar de una popularidad creciente, apunta Nencini, pero su credibilidad real entre el grueso de la población iraní es una incógnita.
Azadeh Kian cree que hay “un abanico de opositores en Irán que pueden actuar”, y apunta a la emergencia previsible de reivindicaciones étnicas en el Kurdistán iraní y en Baluchistán, en el sureste. Pero para pesar, dichas minorías deberían montar “una coalición”.
Y esos grupos “no aceptan someterse al poder del hijo del sah de Irán”, que ha vivido la mayor parte de su vida en Estados Unidos y “no tiene las estructuras ni las instituciones necesarias para llegar al poder”.
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