Según la policía de Suecia, en el primer semestre de este año, 20 personas fueron asesinadas en 163 tiroteos en este reino de 10,3 millones de habitantes, y el año pasado, 42 personas perdieron la vida en 334 incidentes.

Las autoridades alertan sobre la acción de varias decenas de clanes mafiosos. Estas “bandas familiares”, reacias a la autoridad, ejercen una influencia considerable en ciertos barrios desfavorecidos de las grandes ciudades suecas, sin que el gobierno ni la policía encuentren un modo eficaz de detenerlas, se lamentan expertos.

“Es un veneno en nuestra sociedad del que tenemos que desembarazarnos”, declaró a inicios de septiembre el Primer ministro sueco Stefan Löfven.

Explosiones de granadas en edificios, coches minados, tráfico de droga, chantajes, entre otras noticias, nutren las páginas de los diarios, mientras los testigos a veces se muestran atemorizados para declarar.

“¿Vieron la película el Padrino 2?”, pregunta a la AFP la periodista Johanna Backström Lerneby, autora de un libro sobre una de las más famosas familias criminales en Suecia, “¿Se dan cuesta como está la cosa?”.

Varias personas relacionadas con el clan que la periodista explora en su libro ‘La familia’, se hicieron notar en agosto, cuando estalló un conflicto con una banda rival.

Instalaron retenes viales como si fueran policías en el difícil barrio Angered de Gotemburgo, deteniendo vehículos y pidiendo papeles a quienes pasaban por ahí. Eso lo hicimos para “proteger a los residentes y a los niños del sector”, dijo uno de ellos a la televisión SVT.

Autoridades fuera de juego

Las hostilidades cesaron a fines de agosto. Pero no gracias a la policía: el epílogo ocurrió durante una reunión de miembros de varias bandas en un hotel de Göteborg.

“Es muy frustrante”, reconoce el oficial de policía local Fredrik Terje. “Fueron esas redes criminales las que llegaron a un acuerdo de paz y fijaron un programa, cuando nosotros, las autoridades, estábamos fuera de juego”, declaró a SVT.

El asunto volvió a resurgir en los medios en los últimos días luego de que el jefe adjunto de la policía nacional, Mats Löfving, declaró que había “al menos 40 bandas criminales familiares” en Suecia.

Estas familias, según él, llegaron a Suecia únicamente con el objetivo de cometer delitos, trayendo con ellas los sistemas paralelos.

El alto responsable policial sospecha también que son capaces de influir en las esferas políticas y de negocios, especialmente en los barrios con fuerte población migrante.

Con una generosa política migratoria practicada desde los años 1990 hasta 2016, Suecia tiene ahora dificultad para integrar a varias decenas de miles de nuevos migrantes de los últimos años a su altamente calificado mercado de trabajo.

“Los que viven en zonas vulnerables son personas relativamente pobres que no tienen oportunidades”, subraya Johanna Backström Lerneby.

A inicios de agosto, una muchacha de 12 años, atacada a propósito, fue herida de muerte en Norsborg, suburbio modesto pero por lo regular muy calmado del sur de Estocolmo.

Situación “estresante”

En general tranquila, Suecia tiene una baja tasa de homicidios: 1,07 por 100.000 habitantes en 2018, frente a 2,39 en promedio en Europa, según Eurostat.

El ministro sueco del Interior dijo que se preocupa por el aumento de las mafias.

“Estas redes existen desde hace un tiempo en Suecia. Pudieron implantarse especialmente en las zonas vulnerables de Suecia, donde el Estado no está muy presente”, declaró Mikael Damberg en entrevista con la AFP.

La policía se fijó como objetivo incrementar su presencia en esos barrios, un gesto importante “para mostrar que el derecho sueco se aplica en Suecia”, señaló el ministro.

El gobierno adoptó una serie de medidas desde fines de 2019, otorgando un poder creciente de vigilancia a la policía y penas más duras para los crímenes ligados a la droga y a las armas. Pero responsables de la policía reconocieron hace poco sus dificultades.

“Trabajamos de manera intensa, 24 horas seguidas, y pese a eso, la violencia sigue  (…), no retrocedemos y no bajaremos la guardia, pero la situación actual es muy estresante”, declaró a fines de agosto el jefe de la policía nacional, Anders Thornberg.