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Este artículo fue curado por pulzo   Ene 31, 2026 - 9:55 pm
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En los vastos océanos del mundo, cada vez más petroleros que transportan crudo extraído de la tierra rusa han comenzado a permanecer inactivos en el agua.

Las estimaciones de Reuters sugieren que 19 millones de barriles de crudo Urals cargados antes del 15 de diciembre siguen en tránsito, ya que los comerciantes ralentizan deliberadamente sus viajes, luchando por encontrar compradores en medio de la caída de la demanda.

Y donde el petróleo fluye, cada vez genera menos ingresos. El año pasado, los ingresos de Rusia por la venta de petróleo y gas se redujeron en aproximadamente una quinta parte, hasta alcanzar su nivel más bajo en cinco años.

Que Rusia esté obteniendo cada vez menos dinero por la venta de combustibles fósiles no es en sí mismo sorprendente: el exceso global de crudo ha hecho bajar los precios del petróleo en todo el mundo. Además, la fortaleza del rublo significa que Moscú obtiene menos en su propia moneda por cada dólar que gana con sus exportaciones.

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Pero los años de sanciones occidentales, incluida la decisión del presidente estadounidense Donald Trump en octubre de apuntar a Rosneft y Lukoil, los dos mayores exportadores de petróleo de Rusia, también parecen estar mermando cada vez más las tan necesarias rentas petroleras de Moscú.

Bajo presión

Desde las sanciones de octubre, el descuento al que Rusia se ve obligada a vender su petróleo para tentar a sus socios comerciales a arriesgarse a adquirir crudo sancionado se ha duplicado. En diciembre, el crudo Urals del país cayó por debajo de los 40 dólares el barril, su punto más bajo desde que los precios mundiales del petróleo se desplomaron en los primeros días de la pandemia de Covid-19.

Si a esto le sumamos la decisión de la administración saliente de Joe Biden en enero de imponer sanciones a los terceros y cuartos exportadores de petróleo del país, cuatro quintas partes de la producción petrolera de Rusia se encuentran ahora bajo sanciones estadounidenses.

Y, a diferencia de los castigos anteriores, estas últimas medidas no solo afectan a las empresas mencionadas, sino a cualquiera que haga negocios con ellas.

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Alexander Kolyandr, analista financiero e investigador principal del Centro de Análisis de Políticas Europeas, afirma que las sanciones secundarias impuestas por Trump amenazan con aislar a las empresas que reciben petróleo ruso de la infraestructura financiera gestionada por Estados Unidos, que sustenta gran parte de la economía mundial.  

“La principal característica de las sanciones estadounidenses es que Estados Unidos, a diferencia de Europa, está dispuesto a aplicar sanciones secundarias; en otras palabras, si Estados Unidos te sanciona y yo comercio contigo, Estados Unidos se siente en su derecho de multarme o sancionarme”, afirmó.

“Vimos que, por ejemplo, en China, que el principal comprador del petróleo ruso no eran las empresas estatales ni las grandes empresas, sino las llamadas ‘refinerías de tetera’, pequeñas refinerías que obtienen petróleo sancionado, lo refinan y luego lo venden. No tienen exposición a Estados Unidos y pueden arriesgarse”, agregó.

Dominando los mares

Atacar las rentas petroleras de Rusia ha sido una estrategia fundamental de la respuesta económica de los gobiernos occidentales a la invasión a gran escala de Ucrania. En los meses que siguieron al avance ruso, la Unión Europea y el Grupo de los 7 impusieron un ‘límite de precios’ a las exportaciones marítimas de petróleo de Rusia.

El límite prohibió efectivamente a los operadores comerciales con sede en la UE o en los países del G7 transportar petróleo ruso —o proporcionar seguros u otros servicios financieros a quienes lo hicieran— a menos que se vendiera por debajo de un precio fijo.

Fijado inicialmente en 60 dólares por barril, el límite de precio bajará a menos de 44 dólares por barril a partir del 1 de febrero.

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Catherine Wolfram, profesora de economía energética William Barton Rogers en la Escuela de Administración Sloan del MIT, sostiene que el tope de precios se había diseñado para evitar un aumento repentino de los valores del petróleo que podría haberse desencadenado al mantener el crudo ruso fuera del mercado mundial por completo. Rusia es el tercer mayor productor de petróleo del mundo.

“El límite de precios se diseñó para, en primer lugar, abrir una brecha entre el precio mundial y lo que Rusia recibía por su petróleo y, en segundo lugar, mantener el petróleo en el mercado, especialmente en 2022, cuando los precios del petróleo eran muy altos y la inflación era galopante”, explica.

“En el segundo caso, se logró el objetivo. En el primero, se abrió una pequeña brecha, pero las medidas del Gobierno de Trump contra Rosneft y Lukoil ampliaron esa brecha”, añade la profesora.

Para vender su petróleo a precios más altos, Rusia depende cada vez más de lo que algunos han denominado una ‘flota fantasma’ de petroleros comerciales envejecidos y de propiedad poco clara.

A principios de enero, la marina francesa abordó un petrolero en el Mediterráneo y lo obligó a atracar en Marsella. El capitán, que al igual que todos los miembros de la tripulación es de nacionalidad india, fue detenido. El presidente francés, Emmanuel Macron, acusó al petrolero de ayudar a “financiar la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania”. El lunes fue puesto en libertad.

“Estamos asistiendo a una campaña cada vez más intensa contra la ‘flota fantasma’ de Rusia; parece que tanto los estadounidenses como los europeos están dispuestos a subir la apuesta y empezar a confiscar estos barcos, lo que aumenta el coste del transporte”, sostiene Kolyandr. “Todo ello se traduce en un intento por parte de los compradores de bajar los precios. De ahí proviene el descuento”, indica.

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Cada vez más aislada de los mercados occidentales, Moscú encontró inicialmente compradores dispuestos en la India y China, donde las refinerías han aprovechado la oportunidad de comprar crudo ruso a precios de ganga.

Pero Daniel Spiro, profesor asociado del departamento de economía de la Universidad de Uppsala (Suecia), afirma que las últimas sanciones de Estados Unidos parecen haber asustado incluso a estos compradores, antes tan entusiastas.

“Quizás por primera vez, parece haber afectado a la disposición de India y China a comprar petróleo ruso –asevera–. La India ha reducido los volúmenes y China parece haber exigido un mayor descuento en el petróleo que compra. Y esto no había sido así anteriormente”.

Venta urgente

Otra víctima de estas sanciones han sido los extensos activos en el extranjero de Lukoil. Fundada en el frenético proceso de privatizaciones que marcó la dolorosa transición de la antigua Unión Soviética a una economía de mercado, se cree que Lukoil tiene activos por valor de unos 22 000 millones de dólares en todo el mundo, incluidos Irak, Egipto, Nigeria y México.

Esta semana, la empresa anunció que el gigante estadounidense de capital privado Carlyle Group había acordado comprar estos activos, excepto los de Kazajistán, por un precio no revelado. El acuerdo requeriría la aprobación final del Tesoro de Estados Unidos.

Spiro explica que, aunque la venta probablemente reduciría los ingresos de Rusia por petróleo y gas, sin embargo, aumentaría las reservas de divisas del país, que son fundamentales.

“Es de suponer que lo hacen a un precio bajo en comparación con lo que habría sido una transacción normal en el mercado –vaticina–. Así que está reduciendo los beneficios del petróleo y el gas para Rusia, pero está aumentando el dinero que tienen, porque lo han vendido”.

Para el experto, no está claro qué impacto tendría la venta en la vasta industria petrolera y gasística de Rusia.

“Las sanciones son un juego del gato y el ratón: alguien impone sanciones a Rusia y, al principio, pueden ser bastante dolorosas –desarrolla–. Y Rusia, por supuesto, intenta evitarlas de alguna manera. Por lo que sé, podría ser que cuando vendan estos activos, utilicen el dinero para invertir en la producción de petróleo y gas en Rusia”.

Wolfram añade que la venta prevista se debía en parte a una necesidad financiera. “Es como comerse las reservas, pero Rusia realmente necesita los fondos ahora”, detalla.

La disminución de los ingresos petroleros de Rusia amenaza con mermar el presupuesto estatal en general. 

Los ingresos procedentes del petróleo y el gas representaban menos del 23 % del presupuesto federal a finales de 2025, algo que no se veía desde hace 20 años. Dado que el gasto público superó los ingresos, el déficit presupuestario del año pasado terminó en torno al 2,6 % del PIB

Para compensar el déficit, el Gobierno ruso ya ha comenzado a aumentar una serie de impuestos nacionales, entre ellos el IVA, que se ha elevado al 22 %, así como el umbral por debajo del cual las pequeñas empresas están exentas de pagarlo.

Spiro subraya que la disminución de los ingresos procedentes del petróleo y el gas obligaría al Gobierno a tomar decisiones difíciles.

“Rusia tiene varias opciones. Puede aumentar otros impuestos, lo que tiene un coste y no va a ser popular –enumera–. “O bien tiene que aumentar la participación del Gobierno en el petróleo y el gas rusos, pero ya es bastante alta, así que no creo que haya mucho margen de maniobra en ese sentido. O tiene que reducir el gasto”.

Si bien la economía de guerra de Rusia ha impulsado los salarios en algunas de las regiones más pobres del país, ya que los trabajadores se encargan de las líneas de producción de un sector militar-industrial en crecimiento, la situación económica general es menos optimista.

El crecimiento económico se ha ralentizado a medida que el Banco Central toma medidas drásticas contra la inflación con tasas de interés de dos dígitos, y el gasto social ya se ha reducido del 38 % en 2021 al 25 % este año. 

“Básicamente, hay dos formas de reducir el gasto: reducir el esfuerzo bélico o bajar las pensiones y cosas por el estilo, advierte Spiro.

“Una de las preguntas clave desde la invasión a gran escala ha sido hasta dónde puede llegar el Gobierno ruso con su economía, o básicamente, hasta dónde puede trasladar los costes a su población”, avisa.

Sin embargo, en última instancia, Kolyandr considera que es poco probable que el aumento del coste de las sanciones occidentales afecte a la determinación de Putin de continuar la guerra de casi cuatro años en Ucrania.

“Esas decisiones solo las puede tomar el propio Putin si decide poner fin a la guerra. Y creo que sus prioridades están bastante claras: la guerra y toda esta lucha geopolítica tienen prioridad. Los rusos han tenido un par de años de bastante buen crecimiento económico y pueden sufrir un poco. No creo que eso vaya a descarrilar sus ideas”, concluye.

Este artículo es una adaptación de su versión en inglés 

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