A hurtadillas y de manera exprés y anticipada, el régimen de Venezuela ‘posesionó’ a Nicolas Maduro como ‘presidente’ de ese país para un nuevo periodo que lo mantendrá en el poder hasta el año 2031 y que representará un nuevo periodo de incertidumbre y opresión para los venezolanos. La ceremonia se anticipó dos horas y tuvo lugar no frente a los 277 integrantes de la Asamblea Nacional, como correspondía, sino ante un reducido grupo de legisladores maduristas y una escasa representación internacional caracterizada por su bajo perfil.
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Como se esperaba, al acto asistieron Miguel Díaz-Canel y Daniel Ortega, cabezas de los regímenes de Cuba y Nicaragua, respectivamente, y algunos primeros ministros de pequeños países del Caribe y África. Las otras pocas naciones que respaldan a Maduro solo enviaron representantes, como en el caso de Colombia, cuyo presidente, Gustavo Petro, mantuvo su decisión de que asistiera el embajador en Caracas Milton Rengifo. Pese a que Maduro aseguró en su juramentación que asistieron representantes de 125 países, la ceremonia tuvo que hacerse en un salón alterno de la Asamblea Nacional para que no se notara un recinto semivacío.
Algo que llamó la atención fue que en los rostros de los principales actores de la ‘posesión’ no hubo solemnidad; hubo desasosiego, preocupación, premura, ese apuro de quien necesita ejecutar una acción rápido apegado al adagio popular según el cual al mal paso hay que darle prisa. No estuvieron cómodos. Sus miradas se entrecruzaban con inquietud. Compartían en silencio la convicción de que lo que les queda es un salto de huida hacia adelante continuando a toda costa con el régimen. También eran conscientes de que todo el mundo los estaba mirando y observaba cómo Maduro usurpaba el poder y se autoproclamaba.
En medio de toda esa tensión, el número tres del régimen, Jorge Rodríguez, presidente de la chavista Asamblea Nacional, tomó el juramento: “Ciudadano Nicolás Maduro Moros, ¿jura usted en el nombre de Dios Todopoderoso, jura por el legado infinito de Simón Bolívar Libertador de la América del sur, jura por nuestros ancestros primigenios, y jura por su honor respetar y hacer respetar la constitución y las leyes de la República Bolivariana de Venezuela, y principalmente cuidar con lealtad y amor al noble pueblo venezolano en su camino para conseguir la prosperidad y la gloria? ¡¿Lo jura?!”.
Maduro, un histrión consumado, representó su papel con altísimo grado de afectación: “Ante esta magna Asamblea Nacional, poder legislativo de la república; ante visitantes y delegados de más de 125 países, ante el pueblo de Venezuela, juro por Guaicaipuro y los pueblos indígenas, juro por Pedro Camejo el negro primero y José Leonardo Chirinos, juro por Bolívar, por Sucre, por Urdaneta, por Manuela Sáenz, juro por la memoria eterna de nuestro amado jefe y comandante Hugo Chávez, y juro por el histórico, noble y aguerrido pueblo de Venezuela”.
Después, se refirió a la constitución de Venezuela. “Ante esta constitución, [juro] que haré cumplir todos sus mandatos, que haré cumplir todas las obligaciones de la constitución y las leyes de la república, y que este nuevo periodo presidencial será el periodo de la paz, la prosperidad, la igualdad y la nueva democracia. ¡Lo juro por la historia! ¡Lo juro por mi vida! ¡Y así cumpliré y cumpliremos! ¡Lo juro!”, gritó.
La primera en aplaudir emocionada fue Caryslia Rodríguez, presidenta del chavista Tribunal Supremo de Justicia que refrendó sin ninguna prueba y sin mostrar tampoco las actas electorales el supuesto triunfo que le otorgó a Maduro el también chavista Consejo Nacional Electoral (CNE). Contra ella, precisamente por esas irregularidades, la Unión Europea, el Reino Unido y Estados Unidos anunciaron sanciones este mismo viernes.
Del juramento de Maduro llama la atención su pretendido apego a la constitución. No la cumplió, porque esa Carta Magna ordena que cada 10 de enero siguiente a los comicios presidenciales se haga la transmisión de poder. En este caso, Maduro no se posesionó: continúa aferrado al poder que ostenta desde el año 2013. Tampoco transmitió el mando a quien ganó las elecciones, Edmundo González Urrutia: lo que hizo Maduro fue pasar el poder de sí para sí.
Maduro tampoco cumple el mandato constitucional que establece que la soberanía de la nación está en el pueblo, y ese pueblo decidió, según las actas que mostró la oposición y que no mostró el régimen hasta ahora, que Maduro debía salir de Miraflores para darle paso a González Urrutia. Así, la espuria continuidad de Maduro en el poder se sustenta no en los votos, sino en las botas.
La continuidad de Maduro prueba que la acción diplomática y la presión internacional se quedaron cortas. Fueron insuficientes. Poco después de la ‘posesión’, Estados Unidos anunció que aumentaba la recompensa por Maduro y Diosdado Cabello, números uno y dos del régimen, a 25 millones de dólares, e incluyó al ministro de Defensa, Vladimir Padrino, por quien ahora ofrece 15 millones de dólares.
Este tipo de sanciones producen un ruido detrás del cual la conciencia de la comunidad internacional se tranquiliza, pero, objetivamente, no tienen efecto. Ninguno de los buscados se va a exponer a viajar a lugares donde puedan ser capturados. Quizá lo positivo de estas recompensas es que los dejan en su verdadero lugar, el de criminales perseguidos para que respondan por graves delitos de conspiración para el narcoterrorismo, conspiración para la importación de cocaína, y tenencia de armas y otros artefactos destructivos.
Con su ‘posesión’, Maduro y el régimen intentan deshacer el nudo corredizo que sigue cerrándose. Además, si el régimen se apropió de la figura de Simón Bolívar, como quedó patente en la juramentación de este viernes, la oposición en cabeza de María Corina Machado y González Urrutia hizo suyo un relato que es más importante: el de la gesta libertadora y quizá dos de sus principales consignas: “¡Gloria al bravo pueblo!” y “¡Abajo cadenas!”, que seguirán animando la lucha por la libertad de Venezuela.
Qué se sabe de la participación de Petro en una película
El presidente Gustavo Petro será el primer presidente en aparecer en una película. Ningún mandatario en ningún país del mundo usó su cargo para estar en un papel dentro de un filme, pero el mandatario colombiano sí lo hará. Se sabe que el presidente saldrá como un extra dentro de una de las escenas de la película que relata la historia del almirante Padilla, en la época de la descolonización, y que la película se graba con recursos público: una parte los entregó RTVC y la otra, el Ministerio de las TICS. Detrás de la película está la productora Valencia Producciones FX y hay varias personalidades del cine y la televisión colombiana involucrados en su realización. En total, la película tiene un contrato en el Secop firmado por casi 4 millones de dólares para su ejecución.
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