La joven de largo cabello castaño claro y rostro angelical, que solía vestir ropa de Balenciaga y Alaïa y escondía sus enormes ojos azules tras unas gafas de sol Céline, fue encarcelada hace un año y medio en la prisión de Rikers Island, acusada por la fiscalía de Nueva York de 10 delitos que incluyen el robo de 275.000 dólares a través de múltiples fraudes.

Desde fines de marzo, la mujer de 28 años es juzgada en la Suprema Corte de Nueva York, donde puede ser condenada este mes a hasta 15 años de cárcel. Pase lo que pase, será deportada a Alemania.

El despacho del fiscal de Manhattan asegura que entre noviembre de 2016 y agosto de 2017 Anna Sorokin, alias Anna Delvey, intentó conseguir un préstamo de 22 millones de dólares de manera fraudulenta para financiar un club privado en Manhattan que albergaría una colección de arte contemporáneo, bar, restaurante y discoteca. Esta fascinante historia que será relatada por Netflix y HBO.

Con sus astutas mentiras y una inaudita confianza en sí misma, la desfachatada joven que estudió brevemente moda en Londres y fue pasante de la revista Purple en París consiguió que varios bancos le prestaran decenas de miles de dólares, viajó gratis en aviones privados y vivió meses en lujosos hoteles cuyas cuentas nunca pagó, según la fiscalía.

Inclusive invitó a su exmejor amiga, la editora de fotos de la revista Vanity Fair Rachel Williams, a una villa en Marrakech de 7.000 dólares la noche, con piscina privada y mayordomo, “toda la extravagancia digna de una Kardashian”, según la fiscal adjunta Kaegan Mays-Williams.

Ofreció cubrir todos sus gastos, pero luego le hizo pagar la cuenta con su tarjeta corporativa: 62.000 dólares, más que el salario anual de la fotógrafa. Nunca se los devolvió.

Embrujó a una ciudad donde todo brilla, donde todo lo que uno quiere puede ser comprado (…) Anna era un hermoso sueño de Nueva York, como una de esas noches que parecían no terminar nunca. Y luego llegó la cuenta“, escribió la víctima del fraude, Rachel Williams, que contó su historia en primera persona para Vanity Fair, el primer medio en reportar el caso.

Sorokin nació en Rusia el 23 de enero de 1991. A los 16 años se mudó con su familia a Alemania, donde su padre trabajó como chofer de camiones y luego puso una empresa de calefacción y refrigeración, según la revista New York, que entrevistó a la joven y a su familia en Alemania para un largo perfil.

Su abogado, Todd Spodek, asegura que Sorokin explotó un sistema “fácilmente seducido por el glamur y el brillo”, y citó a Frank Sinatra para justificar a su cliente.

Sinatra dijo: “Si puedo lograrlo aquí, puedo lograrlo en cualquier sitio”, afirmó Spodek en su alegato inicial. “Anna tuvo que patear la puerta para conseguir una oportunidad en la vida. Como Frank Sinatra tuvo que hacerlo a su manera, Anna tuvo que hacerlo a su manera“.

Un testigo de la fiscalía, Scott Case, gerente del hotel The Beekman de Manhattan, contó el jueves que Sorokin se hospedó 16 noches en una habitación de 430 dólares, comía en el hotel y acumuló una cuenta de más de 11.000 dólares que nunca pagó.

Sorokin decía a Case que “estaba trabajando con el banco” y le prometía transferencias que nunca llegaban, hasta que Case decidió cerrar su habitación.

Otro testigo, Jake Mustian, exjefe de seguridad del hotel Parker Meridien, contó el jueves al jurado que llamó a la policía cuando descubrió que Sorokin intentó reservar una de las suites más caras con una tarjeta que fue rechazada y al día siguiente intentó pagar un almuerzo en el hotel con el mismo número de tarjeta, anotado en un papelito.

“Me decía que su billetera fue robada, que no tenía efectivo. Pedía que cargásemos todo a la cuenta de hotel de su tía, que estaba volando desde Alemania, pero que su vuelo estaba retrasado”, contó Mustian.

La vestimenta de Sorokin en el juicio ha dado mucho que hablar. En los primeros días, apareció en la corte con ropa de famosos diseñadores, elegida por una asistente de moda especialmente para ella.

No obstante, tuvo varios ataques de llanto en la corte cuando la lujosa ropa no le llegó a tiempo a la cárcel y debió vestirse con marcas baratas como H&M.

Desde que la jueza le advirtió que el tribunal no es una pasarela, Sorokin adoptó un estilo más sobrio: pantalón negro, suéter o camisa beige y baletas negras.

Netflix anunció en mayo pasado que compró los derechos de la historia en la revista New York para una serie que está siendo escrita por Shonda Rimes (Grey’s Anatomy).

La actriz, guionista y directora Lena Dunham (Girls), que tiene un contrato con HBO, anunció luego que también adaptaría la historia a la pantalla chica, basándose en el artículo de Vanity Fair.