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La guerra liderada por Estados Unidos e Israel contra Irán (y la extensión regional del conflicto) ha abierto una nueva fase de incertidumbre energética que ya empieza a afectar el bolsillo de los consumidores estadounidenses. Desde el inicio del conflicto, el precio de la gasolina en Estados Unidos ha subido con rapidez. El galón de crudo se situó en torno a 3,48 dólares, cerca de un 17% más que antes de que comenzaran los ataques el 28 de febrero, según datos recopilados por ‘The New York Times’ con base en indicadores del mercado energético.
Para cualquier presidente estadounidense, el precio de la gasolina es un termómetro político sensible. Todavía más en año electoral. Este noviembre, los republicanos se juegan sus mayorías en el Congreso en las elecciones de medio término, un momento tradicionalmente difícil para el partido que ocupa la Casa Blanca.
Donald Trump ha tratado de minimizar el impacto económico inmediato del conflicto. “Los precios del petróleo a corto plazo son un precio muy pequeño a pagar por la seguridad y la paz”, dijo en su red social Truth Social. El presidente republicano remarca que el aumento del costo energético será temporal y desaparecerá una vez neutralizada la amenaza nuclear y de misíles balísticos iraníes.
Sin embargo, en Washington no todos comparten ese optimismo. Analistas del sector energético citados por medios estadounidenses advierten que el conflicto podría seguir presionando los precios durante semanas o incluso meses si se prolonga la incertidumbre en torno al suministro de petróleo desde el Golfo Pérsico.
“Una narrativa poco clara sobre el futuro inmediato del estrecho de Ormuz hace que la volatilidad en el mercado del crudo sea muy importante”, afirma el economista Juan Carlos Martínez.
Mientras tanto, el mercado energético oscila al ritmo de las noticias de la guerra en Medio Oriente. El barril de crudo llegó a rozar el lunes máximos desde 2022, impulsado por el temor a una interrupción del tráfico petrolero en la región. Pero la volatilidad también está siendo total: tras las declaraciones de Trump en las que sugirió que la guerra podría terminar pronto, el precio del petróleo cayó alrededor de un 11% en un solo día, reflejando hasta qué punto la evolución del conflicto condiciona el mercado.
A la presión militar se suma la incertidumbre logística. Estados Unidos ha atacado embarcaciones iraníes sospechosas de minar las inmediaciones del estrecho de Ormuz, uno de los puntos más sensibles y estratégicos del sistema energético a escala global. Según el Comando Central del Ejército estadounidense, varias de estas embarcaciones fueron destruidas en operaciones recientes para impedir cualquier intento de bloqueo iraní.
“Me complace informar que, en las últimas horas, hemos atacado y destruido completamente 10 embarcaciones o buques inactivos de colocación de minas, ¡y habrá más por venir!”, dijo Trump este martes en Truth Social.
En paralelo, Washington estudia medidas para mantener abierto el flujo de petróleo en la región, desde posibles escoltas navales de petroleros hasta mecanismos financieros que permitan garantizar seguros de guerra para las navieras.
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¿Impacto en las elecciones de medio término?
El aumento del precio de la gasolina llega en un momento particularmente delicado para el Partido Republicano. En noviembre, los votantes estadounidenses decidirán la composición del Congreso en unas elecciones de medio término que históricamente suelen castigar al partido del presidente en ejercicio.
Para Trump, mantener el control de la Cámara de Representantes y del Senado es crucial. Si los demócratas recuperaran alguna de estas cámaras, la segunda mitad de su mandato quedaría marcada por un mayor bloqueo legislativo y por una supervisión política mucho más intensa a su Administración.
En este contexto, el precio de la gasolina se convierte en una variable electoral central. Los estrategas políticos estadounidenses llevan décadas observando la relación entre el costo del combustible y el estado de ánimo de los votantes. Cuando los precios suben, la percepción económica se deteriora, incluso si otros indicadores macroeconómicos se mantienen sólidos.
“Puede ser un problema muy grande. Que suban los precios de la gasolina afecta a la popularidad que pueda tener la guerra dentro del votante estadounidense, sobre todo cuando Trump dijo que no iba a meter a su país en guerras”, declara el economista Juan Carlos Martínez.
Algunos republicanos han reconocido públicamente esta preocupación. El líder de la mayoría republicana en el Senado, John Thune, admitió recientemente ante periodistas que el precio de la gasolina es “siempre una referencia” para medir el ánimo del electorado.
El problema para los republicanos es que su estrategia electoral para las ‘midterms’ estaba centrada precisamente en el argumento económico. Durante meses, Trump ha defendido que su política energética y económica había logrado reducir los precios del combustible tras el fuerte aumento registrado durante la Presidencia de Joe Biden.
”Los MAGA, la base de electores de Donald Trump, están divididos, entre quienes apoyan las acciones del presidente y quienes rechazan por completo un comportamiento que es viejo conocido y que compromete la capacidad bélica y las finanzas del país”, señala el sociólogo Carlos Manuel Indacochea respecto a cómo afectan las decisiones del líder de la Casa Blanca al comportamiento ideológico de sus fieles.
En su discurso sobre el estado de la Unión, el presidente destacó que el precio de la gasolina había caído por debajo de 2,30 dólares por galón en muchos estados, presentándolo como prueba del éxito de su política energética.
La guerra con Irán ha alterado ese relato. Ahora la Casa Blanca intenta convencer a los votantes de que el encarecimiento del combustible es temporal y está justificado por razones de seguridad nacional.
Es más, muchas de las contiendas electorales más disputadas se concentran en estados donde el costo del combustible tiene un peso significativo en las familias.
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Entre la presión militar y la incertidumbre estratégica
Otro elemento que alimenta la incertidumbre política es la percepción de que la estrategia estadounidense en el conflicto sigue siendo ambigua.
En los últimos días, la Administración Trump ha enviado señales aparentemente contradictorias sobre sus objetivos en Irán. Por un lado, el presidente ha afirmado que el objetivo de la ofensiva es eliminar la amenaza nuclear iraní y sus capacidades de misiles balísticos. Por otro, ha llamado al cambio de régimen, con el asesinato del ayatolá Alí Jamenei, las dudas sobre el nombramiento de su sucesor, Mojtaba Jamenei, y las declaraciones sobre tener un “rol decisivo” en la elección del nuevo líder de la nación persa.
Esta ambigüedad estratégica ha generado debate entre analistas y expertos en política exterior. Algunos consideran que la Administración busca mantener la incertidumbre para aumentar la presión sobre el régimen iraní. Otros interpretan las declaraciones contradictorias como señal de que Washington todavía está ajustando su estrategia según evoluciona el conflicto.
“Uno sabe desde el poder estadounidense cómo empezar una guerra, lo que no se sabe, porque depende de muchos factores, es cuándo terminarla. Y el apoyo a Donald Trump sigue disminuyendo a pesar de que el Partido Republicado cierre filas con él. Más de la mitad del país se opone a la guerra, y cuanto peor sean los resultados en cuanto al costo de vida, peor le irá”, afirma el sociólogo Indacochea.
El mercado energético observa estas señales con atención. Cada declaración de la Casa Blanca influye en la percepción de cuánto durará la guerra y, por tanto, en las expectativas sobre el suministro mundial de petróleo.
Al mismo tiempo, la Administración intenta proyectar control sobre la situación. Trump anunció este martes la construcción de una nueva refinería en Brownsville, Texas, presentada como parte de su estrategia de “dominancia energética”. El proyecto, vinculado a inversiones de la empresa india Reliance, podría convertirse en la primera gran refinería construida en Estados Unidos en décadas.
“Alimentará los mercados estadounidenses, fortalecerá nuestra seguridad nacional y aumentará la producción energética”, escribió el presidente al anunciar la iniciativa.
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La hemeroteca: petróleo y elecciones
La relación entre el precio del petróleo y la política estadounidense tiene precedentes conocidos.
Desde la crisis energética de los años 70 hasta los picos de precios durante la guerra de Irak, el costo del combustible ha tenido un impacto recurrente en la percepción pública de los gobiernos estadounidenses.
Por ejemplo en 1979, cuando el segundo ‘shock’ petrolero provocado por la Revolución Islámica Iraní disparó la inflación en Estados Unidos. El aumento del precio de la gasolina contribuyó a erosionar la imagen del entonces presidente Jimmy Carter.
Décadas después, la dinámica ha seguido similar. Durante la presidencia de George W. Bush, el aumento del precio del petróleo en la década de los 2000 coincidió con un deterioro de la percepción pública sobre la economía, en parte vinculado a la invasión estadounidense y posteriores guerras en Irak o Afganistán.
”El mediano y el largo plazo no son preocupación de Donald Trump. Él soluciona los problemas que pueda tener su imagen de un día para otro. Esta guerra interrumpe todas las acusaciones de complicidad con Jeffrey Epstein, por ejemplo”, remarca el analista Indacochea.
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El estrecho de Ormuz, un enclave estratégico para el mundo
Más allá del impacto inmediato en la política interna de Estados Unidos, la guerra actual subraya la importancia estratégica del estrecho de Ormuz, situado entre Irán y Omán y que es uno de los puntos más críticos del sistema energético global.
Aproximadamente un 20% del petróleo y del gas natural licuado que se comercializa en el mundo atraviesa esas aguas cada día.
De hecho, el simple riesgo de que Irán pueda obstaculizar el tránsito ya es suficiente para provocar nerviosismo en los mercados.
Ante esta situación, Washington estudia diferentes opciones para mantener abierto el flujo de petróleo, desde escoltas militares a medidas de apoyo financiero para las navieras.
“Tengo mis dudas de que una escolta de la Marina estadounidense sea plenamente efectiva. Irán controla una costa del Golfo Pérsico, no solo del estrecho de Ormuz, y si tiene la capacidad de llevar a cabo ataques, ninguna naviera va a asumir el costo de poner en riesgo a su tripulación así como ninguna aseguradora. Además, el flujo habitual de petróleo y gas no se podría mantener con unos pocos barcos escoltados”, refiere el experto Martínez.
Mientras tanto, otras potencias occidentales también se preparan para el posible ‘shock’ energético. Los países del G7 han iniciado conversaciones para evaluar posibles respuestas coordinadas. De hecho, este martes, Emmanuel Macron, el presidente de Francia, convocó para el miércoles a sus socios a una reunión virtual para estudiar el asunto.
¿Ante un punto de inflexión para el segundo mandato de Trump?
A pesar de la incertidumbre actual, quedan poco menos de ocho meses para las elecciones de medio término.
El mercado energético sigue siendo extremadamente volátil y cualquier cambio en el rumbo del conflicto podría alterar las expectativas.
Si la guerra con Irán se resuelve en un plazo “corto” y el tráfico de petróleo y gas en el Golfo vuelve a la normalidad, los precios del podrían estabilizarse antes de que el tema ocupe el núcleo de la campaña electoral estadounidense.
Pero si la crisis se prolonga, el impacto político podría ser considerable para Donald Trump y los republicanos. El desafío del mandatario es convencer al electorado de que el aumento de precios de la gasolina es temporal y atiende a razones de seguridad nacional.
Para el Partido Demócrata e incluso la rama aislacionista de los republicanos, la estrategia pasaría por presentar la guerra como una crisis innecesaria que ha puesto en riesgo la estabilidad de la economía de la primera potencia del mundo.
En Washington hay una máxima no escrita de la política estadounidense: el precio de la gasolina es lo que más afecta al electorado.
Si se cumple, la guerra con Irán podría convertirse, además de un asunto geopolítico de primer orden, en un reto interno para la supervivencia política del magnate republicano.
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