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¿Miedo al Bluetooth? El lunes 19 de enero, los servicios de inteligencia daneses aconsejaron a las autoridades y a la policía de Dinamarca que desactivaran el Bluetooth en sus teléfonos inteligentes, tabletas y demás dispositivos. Les preocupan las fallas de seguridad de esta popular tecnología de comunicación inalámbrica, especialmente en el contexto de las tensiones con el presidente estadounidense Donald Trump sobre Groenlandia.
“Los expertos en ciberseguridad saben desde hace tiempo que las vulnerabilidades presentes en el Bluetooth son un problema de seguridad para los numerosos daneses que utilizan esta tecnología”, subrayó el servicio de inteligencia danés en un comunicado.
El espía en el auricular Bluetooth
Los espías daneses temen que sus “colegas” estadounidenses utilicen el Bluetooth para obtener información sobre los responsables daneses o groenlandeses. “Indiscreciones” que Estados Unidos podría utilizar posteriormente para aumentar la presión sobre Dinamarca con el fin de obtener Groenlandia.
“Es un riesgo real y, técnicamente, bastante fácil de llevar a cabo. Es probable que los espías lleven años aprovechando estas vulnerabilidades. Y si ahora preocupa a los daneses es porque las intenciones estadounidenses se perciben como hostiles“, opina Christian Kaunert, especialista en cuestiones de seguridad transatlántica de la Universidad de Gales del Sur, con sede en Cardiff.
En concreto, se trata de una vulnerabilidad descubierta recientemente que ha suscitado gran preocupación.
“Se trata de lo que se denomina ‘fast pair’, es decir, la posibilidad de conectar rápidamente un smartphone a unos auriculares Bluetooth. Es muy útil y muy fácil de hacer. Pero la contrapartida es que la seguridad no está a la altura”, subraya Benoit Grunemwald, experto en ciberseguridad de la empresa Eset.
Esta vulnerabilidad permite al pirata informático o al espía conectarse directamente al auricular “para poder escuchar las conversaciones en curso”. Los auriculares Bluetooth más avanzados técnicamente permiten a los “hackers” ir aún más lejos, como, por ejemplo, encender o apagar un teléfono, realizar o detener una llamada y, en algunos casos, recuperar el historial de llamadas y la lista de contactos.
Esto proporciona información útil a un posible espía estadounidense que haya logrado piratear, por ejemplo, los auriculares de un ministro danés que, por desgracia, se haya olvidado de apagar el Bluetooth de su tableta.
Pero la falla del “fast pair” es solo un ejemplo de las vulnerabilidades del Bluetooth. Se trata de una tecnología “menos segura que otros tipos de comunicación inalámbrica, como el WiFi. Los investigadores llevan mucho tiempo señalando fallos que permiten, por ejemplo, introducirse en un smartphone a través del Bluetooth para instalar, por ejemplo, una puerta trasera [con el fin de tomar el control, nota del editor]”, explica Benoit Grunemwald.
Concienciar sobre el peligro digital
Los fabricantes de chips Bluetooth hacen todo lo posible por corregir estos problemas a medida que surgen, pero “los usuarios deben actualizar sus dispositivos Bluetooth”, añade el experto en ciberseguridad.
Sin embargo, el Bluetooth no es el arma definitiva del espía del siglo XXI. “Su principal problema es que no hay que estar a más de 100 o 200 metros del dispositivo que se quiere piratear“, señala Benoit Grunemwald. Por lo tanto, se trata más bien de un arma para espías de proximidad.
Para los servicios de inteligencia daneses, señalar el Bluetooth “es una forma eficaz de poner de relieve el riesgo para la seguridad que conlleva el uso de la tecnología digital, incluso en sus formas más populares y comunes, como el Bluetooth”, afirma Benoit Grunemwald.
También es una forma de llamar la atención sobre la realidad de las relaciones entre Estados Unidos y Europa. “Las advertencias de los servicios de inteligencia europeos son cada vez más abiertas y claras”, señala Richard J. Aldrich, especialista en el funcionamiento de las agencias de inteligencia de la Universidad de Warwick.
Para Europa, “la humillación pública de Volodymyr Zelensky en el Despacho Oval y ahora la cuestión de Groenlandia son los dos episodios principales que han demostrado que Estados Unidos ya no juega necesariamente en el mismo bando”, subraya Christian Kaunert.
Espías europeos ya recelosos
Esto supone un problema potencial para los servicios de inteligencia del Viejo Continente. “Podrían mostrarse más reticentes a compartir cierta información con sus homólogos estadounidenses, especialmente sobre la guerra en Ucrania. El servicio de inteligencia neerlandés ya había anunciado en octubre de 2025 su intención de limitar el intercambio de información transatlántico“, afirma Daniel Lomas, experto en cuestiones de inteligencia de la Universidad de Nottingham.
Esta decisión se tomará “en última instancia a nivel individual por parte de los agentes, que tendrán que decidir a diario qué es mejor guardar para sí mismos a partir de ahora”, precisa Richard J. Aldrich.
Esta reducción de los intercambios plantea un nuevo reto a los servicios de inteligencia europeos: “desarrollar y aumentar la capacidad continental de recopilación de información para compensar una posible pérdida de información procedente de Estados Unidos”, afirma Daniel Lomas.
Sin embargo, el interés de Trump por Groenlandia y los discursos eurofóbicos de algunos de sus asesores, como Stephen Miller o el vicepresidente J.D. Vance, no suponen una ruptura brusca de las comunicaciones entre los espías de ambos lados del Atlántico. “Hace ya unos veinte años, con el inicio de la guerra contra el terrorismo, que los servicios de inteligencia europeos se preocupan por las consecuencias jurídicas de su colaboración con los estadounidenses”, subraya Richard J. Aldrich.
Los espías europeos, por ejemplo, no se sentían cómodos con la idea de que la información proporcionada a Washington pudiera utilizarse para llevar a cabo asesinatos selectivos con drones, según señalan los expertos entrevistados por France 24.
Para ellos, las crecientes tensiones con Estados Unidos “solo tendrán un impacto limitado en el intercambio de información en sectores como la lucha contra el terrorismo o el tráfico de drogas”, estima Daniel Lomas.
Pero probablemente habrá colaboraciones que ya no se producirán. Así, a principios de la década de 2010, los servicios de inteligencia daneses ayudaron a los estadounidenses a espiar a la canciller alemana Angela Merkel. Es probable que hoy en día esos mismos espías que advierten del peligro del Bluetooth sean menos propensos a colaborar con el Gran Hermano estadounidense.
*Adaptado de su original en francés
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