Juan Guaidó llega a este punto empeñado en una movilización nacional hacia el palacio presidencial de Miraflores, en fecha por definir, para tomar su control.

De cara a ese nuevo pico de la crisis, que bautizó como ‘Operación libertad’, recorre el país, y este sábado lidera una nueva concentración en Barcelona.

“Seguimos en las calles con el pueblo, organizando la Operación Libertad (…). Vamos a mantenernos firmemente en esta lucha“, dijo Guaidó en un video en el que aparece saludando a los manifestantes.

“Les pido su presencia en las calles y un intangible: confianza, no en Juan Guaidó, confianza en ustedes (…) en que lo vamos a lograr… Ya está derrotado el anterior gobierno, nosotros vamos a escribir la historia”, añadió.

Seguidores de Maduro también comenzaron este sábado una concentración en el centro de Caracas.

Venezuela atraviesa un período de vértigo, en el que Guaidó logró el reconocimiento de más de 50 países encabezados por Estados Unidos, además de reactivar la protesta y cohesionar a la dividida dirigencia opositora.

A inicios de marzo tenía una aprobación de 61%, frente a 14% de Maduro, según la encuestadora Datanálisis.

Multitudinarias movilizaciones atestiguan ese respaldo, en medio de un agravamiento de la crisis económica, con escasez de bienes básicos y una hiperinflación que el FMI proyecta en 10.000.000% para 2019.

Un escenario como el actual (…) era inimaginable en 2018“, dijo el internacionalista Mariano de Alba, sobre lo cerca que algunos perciben un cambio de gobierno.

Durante estos dos meses, Maduro se aferró a los militares -su principal sostén- agitando la lucha contra el intervencionismo, alimentada por la advertencia de Donald Trump de que no descarta una acción armada en Venezuela.

Guaidó también se ha declarado dispuesto a pedirle al Parlamento que autorice una intervención militar.

Pero el Grupo de Lima (13 países latinoamericanos y Canadá, que reconocen a Guaidó) y la Unión Europea se aponen al uso de la fuerza.

Aunque sigue debilitándose, Maduro “ha logrado mantener una cohesión sorprendente en un escenario tan adverso”, apunta De Alba.

La Fuerza Armada, con amplio poder político y económico, le ha reiterado “lealtad absoluta”, ignorando los llamados de Washington y Guaidó para que le den la espalda a cambio de amnistías y levantamiento de sanciones.

El mandatario socialista ha hecho valer además su alianza con Rusia y China -principales acreedores del país con las mayores reservas petroleras-, que han asumido su defensa en foros como el Consejo de Seguridad de la ONU.

Pero el quiebre no ha ocurrido “porque no se ha generado una oferta creíble que permita a la élite militar tener confianza en que puede abrirse un cambio” que no implique su “destrucción”, opina el presidente de Datanálisis, Luis Vicente León.

Para este experto, la expectativa de que Maduro solo saldría con una invasión puede llevar a los opositores a desechar posibles negociaciones para “provocar la fractura”, un escenario impopular pero “siempre necesario” para resolver conflictos.

Guaidó buscó el quiebre militar el 23 de febrero, cuando intentó ingresar donaciones de Estados Unidos en alimentos e insumos médicos por las fronteras con Colombia y Brasil, y el gobierno se lo impidió alegando que era la excusa para una intervención militar.