En cuestión de horas Brasil superará al Reino Unido (41.279 muertos), como el segundo país con más fallecidos por coronavirus, aunque la mayoría de los expertos consideran que las cifras oficiales están muy por debajo de la realidad, debido a la falta de pruebas de detección

El país tienen no obstante 195 muertos de COVID-19 por millón de personas, según el Ministerio de Salud, frente a 324 en el caso de Estados Unidos y 565, en Italia. 

El estado de Sao Paulo, el más rico y poblado del país, donde apareció el primer caso en Brasil el 26 de febrero, también superó un umbral simbólico este jueves, el de los 10.000 muertos (10.145), para 162.520 contagios confirmados.

Eso no impidió la reapertura de los centros comerciales en Sao Paulo, con numerosas restricciones y horarios reducidos, en la víspera del Día de los Enamorados, el equivalente brasileño de San Valentín. 

El miércoles, las demás tiendas ya habían reabierto sus puertas, provocando aglomeraciones en las zonas comerciales más populares. 

Los centros comerciales también retomaron sus actividades en Río de Janeiro, el segundo estado más afectado por la epidemia, con 7.363 muertos y 75.775 casos confirmados. 

A la entrada de esos espacios, agentes de seguridad tomaron la temperatura de los clientes, y solamente se habilitó un tercio de las plazas de aparcamiento. 

El jueves por la mañana, en la famosa playa de Copacabana, uno de los lugares más turísticos de Río, la ONG Rio de Paz cavó simbólicamente un centenar de tumbas en la arena para homenajear a los muertos por coronavirus y protestar por la “incompetencia” de las autoridades brasileñas. 

“Estamos aquí para reclamar un cambio de actitud del presidente de la República, que debe entender que nuestra nación enfrenta el momento más difícil de su historia”, declaró a Antonio Carlos Costa, el presidente de la ONG. 

Desde el principio de la pandemia, el presidente ultraderechista Jair Bolsonaro no ha dejado de quitarle hierro al COVID-19, que ha calificado de gripecita, y ha insistido en evitar las medidas de confinamiento para salvar la economía.

Uno de los que se ha opuesto a Bolsonaro en esta crisis, el gobernador de Río de Janeiro, Wilson Witzel, está también inmerso en una polémica. El miércoles, la Asamblea Legislativa del estado inició un proceso de destitución contra él, por sospechas de que estuvo implicado en una red de desvío de fondos destinados a la lucha contra el coronavirus. 

El jueves, el gobernador de Sao Paulo, Joao Doria, otro enemigo acérrimo del presidente, anunció por su parte la firma de un acuerdo para producir una vacuna del laboratorio chino Sinovac Biotech, que se probará con 9.000 voluntarios brasileños a partir de julio.