El jefe de Estado dijo que los uniformados llevarán a cabo “acciones preventivas y represivas contra delitos ambientales” y combatirán los “focos de incendio”, incluso en áreas indígenas, a condición de que el gobernador de cada estado lo solicite, algo que ya hicieron Roraima y Rondonia.

Por la noche, Bolsonaro advirtió en cadena nacional que su gobierno tendrá “tolerancia cero” con los delitos ambientales.

En un principio el gobierno brasileño atribuyó el aumento de los incendios -un 85% más en lo que va del año respecto al mismo periodo de 2018- a la temporada seca, y Bolsonaro insinuó que las ONG eran responsables de propagarlos, lo que desató una oleada de críticas a nivel mundial en su contra.

Brasil se encuentra en temporada seca, cuando los incendios son frecuentes, aunque especialistas coinciden en que no se trata de un año de sequía intensa y que el fuerte incremento de los focos se debe a la deforestación.

Porto Velho, capital del estado de Rondonia (limítrofe con Bolivia), amaneció cubierta por una fina capa de humo rojiza. Espesas columnas de humo se alzaban sobre los densos bosques de este estado occidental, donde las llamas de varios incendios eran visibles a lo largo de kilómetros.

En su discuso, Bolsonaro advirtió que los incendios “no pueden servir de pretexto para posibles sanciones internacionales”, después de que Francia e Irlanda amenazaran con no ratificar el acuerdo de la Unión Europea con el Mercosur y de que Finlandia dijera que propondrá la prohibición de las importaciones de carne de res brasileña al bloque.

El presidente francés, Emmanuel Macron, ha sido el mandatario más crítico con Bolsonaro. El jueves llamó a sus pares del G7 a discutir “de emergencia” el tema y este viernes lo acusó de haberle mentido sobre sus compromisos climáticos.

En respuesta, Bolsonaro le echó en cara haber divulgado el jueves en Twitter “fotos del siglo pasado [para ilustrar los incendios] para potenciar el odio contra Brasil por mera vanidad”.

Con carteles de “Act for Amazon”, “Salven nuestro planeta” y “La Amazonía no está en venta”, miles de personas protestaron en distintas ciudades de Brasil y frente a embajadas y consulados de otras capitales latinamericanas y europeas contra Bolsonaro, un escéptico del cambio climático, al que acusan de propiciar la deforestación y los incendios con sus políticas de abrir las zonas protegidas al agronegocio.